jueves, junio 19, 2008

MI DIVINA DIOSA (RELATO DE LA WEB)































































































































































































































































































































































































































































































































































Por Estuardo Mauricio" pastberm@hotmail.com


Mi Divina Diosa, una ves màs le agadezco a la vida por poder escribirle a un ser tan supremo como su divinidad, en esta ocaciòn me permito en viarle un relato y a la ves suplicarle, implorarle que se apiade de mi y me indicara como conseguir Material femdom, ya que aqui en Guatemala no encuentro nada. Atentamente, su perro esclavo que esta siempre a sus divinos pies. Divina Sara, este es un relato que salio de mi inmaginaciòn, comu ud. Ya sabe estoy solo y desesperado por lo que le imploro de rodillas su divina ayuda. RELATO.


DIVINA DIOSA

Soy una persona común y corriente, pero con una personalidad sumisa; pasaba mi tiempo en internet investigando sobre mi preferencia y excitación sobre la Dominación Femenina, pero nunca en mi vida había tenido una experiencia Real con una mujer de verdad y mis mejores orgasmos los tenía masturbando al imaginarme que era el esclavo de una bella Mujer. Pero hace aproximadamente tres meses, sucedió, me encontraba en un centro comercial, en el área de multirestaurantes, y accidentalmente tropecé y derramé mi refresco sobre una chica, de unos 25 años, delgada, morena, con el pelo negro muy bien cuidado y una belleza inusual en las mujeres de mi ciudad; vestida con una minifalda negra, y zapatos negros de tacón, ella al sentir el refresco inmediatamente se puso de pie y me dijo “imbécil, fíjate en lo que haces” y yo asustado exclamé –señorita discúlpeme no fue mi intención- ella contesto “es muy fácil decir eso idiota y ahora que voy a hacer este es mi uniforme de trabajo y no puedo presentarme así”

Yo me sentía mal por mi error y a la vez excitado al ver que se dirigía a mi como a un aminal, entonces se me ocurrío decirle, “señorita si gusta podría llevarla a su casa a cambiarle de ropa” ella contesto: “si es buena idea es lo menos que podrías hacer para compensar lo estúpido que eres” y salió caminando, y yo detrás de ella asustado por su altivez e imponencia, atravesó todo el centro comercial sin dirigirme la palabra y al llegar a la salida me dijo: “ve por el coche rápido” y yo temblando le contesté “Ssssi noo tarrdo”.

Fui a donde estaba el coche y mi pene ya casi explotaba de la excitación que me causaba su altivez y el tono de su voz al dirigirse a mi. Me detuve donde ella estaba y le abrí la puerta, se subió al auto sin decirme nada. Salimos del lugar y le pregunté hacia donde dirigirme y ella dijo “dirígite hacia la colina, en la cuarta casa” y así lo hice, durante el camino ella no dijo nada únicamente, cruzó su pierna y se quitó el zapato de su pie derecho y comenzó a darse masaje, era muy notorio que estaba cansada, entonces le dije: “no sabe lo mal que me siento por mi estupidez, si pudiera hacer algo por Ud., lo que sea créame que lo haría con tal de evitarle esta incomodidad”, “no creo que un tipo con una pinta de imbécil pueda servirme para algo” yo solo pude susurrar “ si seguro que si”, llegamos a su casa, le abrí la puerta de coche y al bajarse le dije “veo que esta muy cansada” “Sí, ya estoy harta de mi trabajo, subo y bajo gradas todo el día, y el único descanso que tengo es mi hora de almuerzo, y por una estupidez tengo que pasarla con un imbécil”, al decir esto, me desarmó y no pude contener mis lágrimas. Me puse a llorar, y de rodillas le imploré que me perdonara, que no había sido mi intención derramarle ese refresco, ella únicamente vio hacia abajo y se rió sarcásticamente de mi súplica y dijo “Yo no perdono imbécil y menos a una basura miserable y sin dignidad como tu”, al oír eso mi sensación de inferioridad hacia ella se volvió incontrolable y empecé a suplicarle con más devoción, luego recibí una bofetada y una patada y ella dijo: “ya basta imbécil que me estas llenando de lágrimas los zapatos” “señorita es que me siento tan mal por haberla incomodado” dije suspirando luego de mi llanto, “haría cualquier cosa por Ud., besaría sus pies, limpiaría su calzado con mi lengua, sería su sirviente, su esclavo, su retrete su fuera necesario, con tal de enmendar mi error” luego de terminar de decirle esto ella respondió “ el servirme, y venerarme no es algo que se haga para enmendar un error, es un privilegio divino que un esclavo debe de ganarse y dudo mucho que tu seas capaz de merecer aunque sea la oportunidad de aspirar a ello” al oirla hablar así me volví loco –ella era una Dominante-, me excité y yo que permanecía arrodillado frente a ella le dije: “señorita me tiene a su disposición para lo que Ud. Quiera”

Se quedó pesando por un rato y luego dijo “haré una prueba, para comenzar cuando te dirijas a mi me llamaras Divina Diosa, y tu trato hacia mi deberá ser perfecto, deberás obedecerme en todo, venerarme como la Diosa que soy y vivir agradecido por dejarte ser aspirante a mi esclavo, quiero que entiendas que tu vida no vale nada, tu único propósito es tu Diosa, TU Divina Diosa!!!!!!! , eres un objeto, una basura, un animal servil que tiene el privilegio de humillarse ante mi.” “ESTA CLARO!!!!!!!!” “Si Divina Diosa” dije sin aliento y me incliné poniendo mi manos y cabeza sobre el asfalto frente a mi Divina Diosa, en señal de reverencia y ella dijo: “así te quiero siempre de rodillas, debajo de mi y dispuesto a todo” “Sígueme!!”, entró a su casa y yo detrás de ella gateando sobre mis manos y rodillas me detuve y exclamé: “Divina Diosa su esclavo solicita permiso para entrar en su casa” ella se dio la vuelta y dijo “bien que bueno que no te hallas tomado la libertad de entrar nada más, pero debes de suplicar”, entonces me acerqué y comencé a lamer sus zapatos con devoción en señal de súplica y luego de un rato ella me dijo “entra y sígueme; ah y sienteté dichoso por este privilegio” “ si Gracias Divina Diosa” arrodillado la seguí hasta lo que supuse era su habitación y se sentó en su cama mientras yo la observaba arrodillado “estoy retrasada, no creo que llegue a tiempo a mi trabajo, mejor pediré un permiso”

Tras comunicar su ausencia al trabajo, me ordenó poner mi cabeza y manos sobre el suelo y que le prestara atención, “a partir de hoy estarás aquí en la puerta de mi casa arrodillado y desnudo todos los días a partir de las cuatro de la tarde y te retiraras a las nueve de la noche, cuando estés aquí no tendrás nombre, ni familia, ni dignidad, te llamaras “ESTUPIDO”, y todo el tiempo me adorarás, cuando yo te ordene algo lo harás en el instante, cuando suenen mis dedos vendrás a mi presencia en tres segundos por cada retraso te patearé y castigaré, el tiempo que no estés sirviéndome ni cumpliendo órdenes lo pasaras venerándome, lamiendo mis pies, mis zapatos, besando mi trasero -eso me gusta-, y deberás besar el suelo que yo pise”, “otra cosa prepararás mi baño a las ocho todos los días y cuidarás de mis pies que siempre están cansados y durante el tiempo que no estés en esta casa llevarás una foto mía, te pondrás de rodillas sin importar donde estés y me venerarás cinco minutos por cada hora que pase, comprarás un teléfono móvil y lo mantendrás encendido todo el tiempo, el número solo lo sabré yo y deberás estar a mi disposición siempre, SIEMMMPRE!!!!!!!!” yo empecé a besar sus pies y dije” “ si Divina Diosa, gracias, gracias por dejarme servirla y venerarla, no la defraudaré, preferiría perder la vida que ocasionarle un disgusto” “así lo espero ESTUPIDO, así lo espero”.

Desde entonces mi vida ha cambiado, paso cinco horas al día venerando a mi Divina Diosa, ella por cierto por suplica mía dejó su trabajo y aceptó recibir una suma de mi parte, equivalente al doble de lo que era su salario, como señal de mi profundo agradecimiento y ahora pasa más tiempo divirtiéndose con su novio ocasional y descansando en su nueva casa que luego de muchas súplicas acepto recibir de mi parte. Y yo únicamente me siento afortunado de poder servirla y venerarla y estaría dispuesto a dar mi vida solo por divertirla o evitarle una incomodidad.





Divina Sara, este es un relato que salio de mi inmaginaciòn, como ud. Ya sabe estoy solo y desesperado por lo que le imploro de rodillas su divina ayuda. Atentamente, su màs fiel perro esclavo. (a sus pies).

EL TRONO DE LA REINA (FACESITTING) - EXTRAÍDO DE LA RED









































































































































































































































































































































































































































































































El trono de la reina (facesitting) es, en el abanico de las artes sadomasoquistas, el uso de la cara, boca, nariz y lengua masculina, como un sustituto a las relaciones con penetración y la masturbación, por la mujer dominante.


Esta práctica, sitúa al hombre en la más servil posición, bajo las nalgas y entrepierna de la mujer. Ella se sienta en su cara, o atrapa su cabeza entre sus muslos. Todo el evento está dedicado al placer de ella y sus orgasmos, y el tiempo que sea necesario. El placer o dolor del hombre, su satisfacción o frustración, deseos o temores serán de poca importancia, por no decir ninguna. El clítoris, la vulva, los labios y la vagina de la mujer reclaman su “servicio”.


Esta apasionante, y deliciosa practica sexual tiene una ancestral y tradicional historia. Las damas de las dependencias medievales a menudo tenían pajes cuyo deber sería proporcionarlas “servicio” con su boca, labios y lengua bajo sus faldas mientras sus maridos estaban ausentes, permaneciendo así técnicamente fieles, puesto que solo se consideraban como infidelidades las relaciones con penetración. Más de un joven tuvo su primera experiencia sexual con la cabeza bajo el trasero de su señora, la cual cabalgaba vigorosamente la cara de su siervo. Muchas jóvenes, todavía vírgenes, disfrutaban sus orgasmos en las bocas de algunos de sus siervos masculinos, como su más temprana experiencia sexual. En las antiguas cortes chinas, se designaba un esclavo masculino bien entrenado, de larga lengua, para ser usado por las féminas de la realeza y las damas de la corte. Estas hacían uso de su esclavo con tanta naturalidad, como si de ir al servicio se tratase. El esclavo era convocado, follado en su cara, y una vez cumplía su cometido se le ordenaba marcharse. En el antiguo Japón, los prostíbulos solían incluir víctimas masculinas para tal uso por las chicas y mujeres clientas.


El servicio sexual con la boca y lengua a los genitales femeninos es el “cunnilingus” o “cunnilinctus”, del latín lamer-chupar coño. El trono de la reina o facesitting, en la terminología anglosajona, sitúa a la mujer encima de la cara masculina, usándola de forma cruel, despiadada y egoísta para su propio placer. La mujer ordena, el hombre obedece. Tener al esclavo masculino erecto, frustrado e insatisfecho supone un añadido para los placeres sádicos disfrutados por la mujer. En la antigua Persia, se construyeron ingeniosamente unas sillas de tal forma que la cara del hombre reemplazaba al centro del asiento. Así, las damas podrían remangarse sus faldas, sentarse, cubrir el “escenario” con dichas faldas, y con suaves movimientos disfrutar de delicados y privados orgasmos incluso cuando había otra gente presente. Viejos graffitis indios de corte pornográfico reflejaban escenas como esas, con mujeres en bata, obviamente en éxtasis, montando una cara masculina al tiempo que miraban su gran erección.


En tiempos más recientes, en occidente, muchas señoras y niñeras enseñaban a los chicos que tenían bajo su autoridad como satisfacer su entrepierna con la lengua. Muchos de estos chicos, asustados y acobardados conocieron íntimamente las partes bajas de la señora y sintieron la presión de sus muslos alrededor de sus cabezas. Encubierto como un castigo y habitualmente seguido, o precedido de una buena azotaina, el trono de la reina tomaba lugar en condiciones de disciplina y severidad. La orden brusca, dada de forma altiva e inflexible por la señora, era seguida del levantamiento de esas faldas voluminosas, negras, y el descenso de sus fuertes, cálidas y húmedas nalgas sobre la cara del jovenzuelo. Qué Dios le librase si la señora no orgasmeaba de forma satisfactoria, ya que en ese caso vendría una severa azotaina con la vara o una fusta.


Inclusive, en las dependencias de la servidumbre, el siervo más joven habitualmente acaba con su cabeza atrapada bajo las faldas de las criadas de la casa. La crueldad también parece haber tomado parte de esta practica del trono de la reina en viejos tiempos.


El Trono de la Reina requiere por definición, a una mujer dominante y exigente, y a un hombre obediente y sumiso. La mujer debe preocuparse sólo de su placer y satisfacción personal. La boca, labios, nariz y lengua masculinas no son más que puras herramientas destinadas a estimular su clítoris, labios, vulva y entrada vaginal. El hombre ha de ser convenientemente adiestrado, incluso con dolorosos castigos si fuese necesario, en el uso apropiado de sus elementos faciales. Ella debe alcanzar el máximo deleite y satisfacción orgásmica sin preocuparse para nada de su víctima, ni de su incomodidad, angustia o humillación. El no es nada más que un juguete sexual, sin mayor importancia que sus tampones, su retrete, su dildo, su pañuelo, su papel higiénico o sus píldoras (siendo muchos de estos objetos desechables, de usar y tirar).


La elección sobre el tipo de esclavo es cosa suya. Ella puede desear tener a un hombrecillo penoso y débil bajo su trasero. Ella quizá pueda encontrar más deleite en subyugar a un forzudo macho. Ella puede tener, tal vez, un marido al que humillar, degradar y montar. La mujer puede desarrollar sus talentos en su época estudiantil, junto con sus compañeras y amigas, llevándose al tonto de la clase al servicio de las chicas para irle “haciendo la reina” por turnos. También puede obtener experiencia dominando a su hermano menor, montando en su cara egoístamente y sin piedad mientras sus padres estén fuera de casa.


A algunas mujeres les gusta insertar una mordaza-dildo en la boca de su esclavo, es decir, un doble dildo (con un dildo hacia dentro de la boca del esclavo para amordazarle, y otro dildo algo más grande hacia fuera, que sobresalga de la boca de la víctima, que será el que la mujer inserte en su vagina a modo de consolador). Esto proporciona placenteros orgasmos vaginales, pero impide a la víctima masculina succionar y lamer el sexo de su ama. Otras mujeres vendan a sus esclavos, eliminando así cualquier posible placer visual que ellos pudieran obtener. Algunas otras damas, las más crueles, inevitablemente orinan en su cara tras haber llegado al orgasmo. Otras disfrutan exigiéndole “trabajo” oral justo después de consumar adulterio satisfactoriamente con un amante, haciendo sentir así a la víctima más humillada. Muchas talentosas damas “troneras” humillan, ridiculizan, tormentan y degradan a sus víctimas antes y después de este forzado cunnilingus.


Es esencial que el esclavo masculino conozca a la perfección aquellas partes del cuerpo de la mujer que requieren el servicio y estimulación de su lengua, labios y/o nariz. Que la dama se coloque de rodillas, a horcajadas sobre su cara, con los ojos del siervo muy, muy cerca de su coño, es un placentero tormento. Así, él será capaz de observar cada parte de los atributos sexuales de su mujer. Ella usará sus dedos para abrir sus labios vaginales para facilitar el aprendizaje de su esclavo. El deberá también examinar su ano, con máximo respeto, en caso que ella decida tener su nariz insertada en él. Ella debe enseñarle la forma de besarla, lamerla y succionarla de modo sexual, con particular atención para su clítoris. Él deberá succionar y tragar los fluidos de su chica. Y para añadir una excitación especial a su placer, la dama hará a su esclavo sentir temor de ella (el uso de un látigo o una fusta puede ayudar). Él deberá temerla. Él ha de adorarla. Él ha de darle respeto, y reconocer su superioridad. Él deberá adorar sus genitales. Ella es su diosa, su destino. La vida de él es, sin duda alguna, menos importante que un sólo orgasmo que disfrute ella.


Montar la cara del hombre requiere cuidadosa y habilidosa experiencia, tanta como la necesaria para montar un caballo. Los movimientos de las caderas, y los de las nalgas son la clave del éxito. El emplazamiento cuidadoso de la vagina en la boca o nariz es, desde luego, esencial, y podría requerir algunos movimientos de ajuste hasta que las partes masculinas que darán servicio queden posicionadas adecuadamente. Puede ser que la dama desee tener su nariz ligeramente insertada en el ano mientras su boca estimula su gruta. Ella, naturalmente, será tan tosca, ruda y salvaje como le plazca cuando este llegando al orgasmo. En ese momento, a ella no deberá preocuparle lo más mínimo, si el se sofoca o asfixia. Después de su satisfacción, ella podrá relajarse, todavía sentada en su cara, y disfrutar de una copa de vino. Cuando ella se levante de él, desmontándolo, lo ignorará y le ordenará retirarse con aspereza, mandándole a continuar con sus tareas domésticas, todo esto acompañado de algún que otro insulto vejatorio. O incluso, ¡Quizá ella se lo preste a sus amigas!


¡¡ Diviértanse, damas!!

miércoles, junio 18, 2008

DELICIOSA DOMINACIÓN (EXTRAÍDO DE LA RED)







































































































































































































































































































































































DELICIOSA DOMINACIÓN
Por Abael30



Por fin hemos quedado. Llevo dos semanas siguiendo tus indicaciones, preparándome físicamente en el gimnasio y controlando mi dieta para estar perfecto para mi diosa. Desde la distancia has esculpido mi cuerpo en este tiempo a tu capricho. Quieres que nuestro encuentro sea lo más especial posible y para ello debo hacer todo lo posible por mi parte para complacerte como esclavo.

He llegado al hotel. Me diste la orden de llegar antes para tener todo preparado y recibir correctamente a mi ama. Tras subir a la habitación, me quito la ropa hasta quedar en ropa interior y espero junto a la puerta tu llegada. Un cuarto de hora después, según lo acordado, llamas a la puerta.

Mi corazón se dispara de emoción. Estoy muy nervioso y a la vez excitado
como un perro en celo. Abro la puerta y comprobando que eres tú, me pongo de rodillas en el suelo, ante ti. Estás deslumbrante. Llevas unas preciosas sandalias de tacón, como siempre soñé, y una falda más o menos corta que deja ver tus preciosas piernas. Entonces dices con voz serena pero firme, "puedes besar mis pies". Siento un golpe de emoción en mi pecho y con rapidez y delicadeza me acerco a tus deliciosos pies para besarlos repetidas veces por el empeine y los deditos que asoman por las sandalias hasta que me ordenas detenerme. "Levántate y quítate esos estúpidos gayumbos". Inmediatamente me pongo de pié y lo más rápidamente posible me los quito. Entonces miras hacia abajo y sonríes maliciosamente. Te encanta ver que tú perrito está muy contento de verte.

Miras fijamente y con regodeo cómo mi polla está totalmente dura. Me siento humillado al ver la evidencia de mis sentimientos y emociones. Desnudo ante mi diosa y totalmente empalmado. Tú sigues vestida y te gusta dominar de esta manera la situación. Tu esclavo no tiene derecho a
ver ninguna de tus intimidades si no se lo gana como es debido. Entonces
avanzas dos pasos y segura de ti misma acercas tu mano derecha hasta mis huevos para asirlos con firmeza. Es entonces cuando siento que tengo lo poco que me queda de hombre dentro de tu puño. Tú eres consciente de ello y me miras fijamente a los ojos diciendo "ahora es cuando vas a hacer lo que yo te ordene, entendido?". "Sí" respondo yo rápidamente. Entonces tú muestras enojo por mi respuesta frunciendo el ceño y apretándome un poco los huevos me dices "Cómo has dicho?". Yo responde inmediatamente con tono más elevado "Sí, mi ama!". "Bien", respondes sonriendo "Veo que aprendes rápido". "Estoy cansada, quiero que me des un masaje en el cuello." Te acuestas sobre la cama y bajándote los tirantes de los hombros me ordenas que masajee tu cuello. Yo sigo totalmente empalmado. Me pongo de rodillas a un lado tuyo y empiezo a utilizar mis manos sobre tu delicada piel. Me encanta tocarla y acariciarla. Lo hago con todo el cariño del mundo conteniendo mi pasión por devorarte.

Entonces se te ocurre controlar más la situación y me dices "Quiero que me dés bien este masaje pero no te voy a decir nada. No obstante sabrás perfectamente cuándo lo estás haciendo bien. De la misma manera, cuando me estés masajeando una zona que no me interesa, también te enterarás".

"Sí, mi Ama", respondo yo preguntándome cómo sería. La respuesta apareció inmediatamente. Alargaste tu mano hasta mis huevos, cogiéndolos por abajo. Yo sigo masajeando. Entonces decido ir bajando por las espalda.

Empiezo tímidamente con miedo. Tú no haces nada. No obstante, cuando llevo tres segundos, aprietas mis huevos y rápidamente vuelvo a la zona de arriba conteniendo un gemido, a la vez que siento que tus dedos aligeran la presión. Sigo durante un par de minutos acariciando tus trapecios. De repente empiezo a notar de nuevo que me aprietas poco a poco los huevos.

Debo pensar rápidamente. Querrá que cambie de zona o que masajee con más fuerza? Entonces opto por hacerlo más fuerte y con alivio noto que he acertado. Mi polla está durísima. Empiezo a notar como un poquito de líquido sale por la puntita por la gran excitación que me provocas. Tras tres minutos con la nueva intensidad, vuelves a apretarme. Entonces pienso que quizá lo que quieres es que cambie de zona y empiezo a bajar. Voy lentamente pero tú sigues apretando. Tengo miedo de que llegues a una intensidad que no pueda controlar. Decido bajar más rápidamente hasta la base de tu espalda y cuando estaba a punto de soltar un gemido sueltas tu puño.

Estoy cachondísimo y veo como una gotita de semen resbala por la punta
de mi polla. Quisiera limpiármela pero no puedo arriesgarme a dejar de masajearte. Entonces la gotita cae sobre el antebrazo con el que controlas la situación. Inmediatamente reaccionas y dices "¡Qué ha sido eso, esclavo!" Yo respondo que una gotita de mi pene. Entonces te das la vuelta enfurecida diciendo "Es que te crees que tu diosa puede estar oliendo a tu sucio semen?" "Cuando lo quiera, te lo pediré y mientras tanto deberías ser lo suficientemente hombre como para controlar tu excitación. O prefieres que te trate como a un perro?. Quizá sea esa la mejor manera de tratarte".

Entonces te sientas en la cama y me ordenas que me ponga boca abajo sobre tus muslos. "Creo que con un pequeño escarmiento aprenderás a controlarte mejor. Levanta el culo". Levanto un poco el culo e inmediatamente noto la palma de tu mano como estalla contra él. Así lo hace repetidas veces. Cada vez me pica más. El dolor va aumentando y me pregunto cuándo pararás. Finalmente dices "Creo que por ahora bastará. Ya sé que no puedes tener marcas...". "Bueno, ahora que eres un perro, creo que debes bajarte de la cama. Ponte a cuatro patas en el suelo." Entonces sacas de tu bolso una pelotita pequeña y la tiras al otro extremo de la habitación mientras me ordenas que te la traiga con la boca. Que no se me ocurra cogerla con las manos, porque al fin y al cabo, soy su perro. Voy a cuatro patas por la habitación, bajo mi cuello y con la boca recupero la pelota para traértela después. La dejo sobre tus manos. La vuelvas a tirar, esta vez hacia el cuarto de baño. Yo nuevamente salgo disparado para traerla a tu regazo. "Muy bien, perrito. Veo que eres un perrito obediente."

Mientras dices esta estiras tu mano hasta la parte baja de mi vientre para
palpar mi polla. "Muy bien, así quiero que esté... bien tiesita". "Ni se te ocurra dejar que se ponga blanda, si no quieres que te castigue nuevamente".

Yo, como sé que ahora soy un perrito, no digo nada pero muevo mi cabeza confirmando su afirmación. Entonces tú estiras un poco más el brazo y asiendo firmemente mi polla empiezas a acariciarla hacia arriba y hacia abajo. Entonces yo me excito aún más. Cierro los ojos y no puedo evitar soltar un gemido. Reaccionas inmediatamente y mientras sigues acariciándome la polla, con la otra mano me das una sonora bofetada diciendo "perro vicioso!". Entonces, me sueltas y me ordenas que te descalce con la boca. Con mis dientes, voy soltando las hebillas y consigo descalzarte ambos pies. "Bésalos", me ordenas. Yo ilusionado con tan deseado mandato comienzo a besarlos con pasión. Entonces levantas uno
de los pies y me mandas que chupe todos tus dedos. Me encanta sentir el sabor salado de tu sudor en los pies. Para mí es un honor poder estar degustando tan deliciosa parte de tu cuerpo. "Eso es perrito". Coges el otro pie que está libre y lo bajas hasta mis huevos y mi polla para acariciarlo con suavidad y pasión. Me voy excitando mucho y sin darme cuenta, la punta de mi polla húmeda roza con el empeine de tu magnífico pie. Te das cuenta y reaccionas rápidamente. "Bien, creo que ya es hora de que le quitemos protagonismo a ese triste rabo que tienes entre las piernas y que te demuestre que tú no eres macho para mí. Sube a la cama." Entonces coges tu bolso y vas al baño. Yo me quedo pensativo intentando adivinar qué es lo que vendrá ahora y temiéndome lo peor. Es entonces cuando mi respiración se queda helada al verte salir del baño. Puedo contemplar con total admiración tu bello cuerpo en ropa interior.

Me encanta, me excita, me pone a mil. Lo adoro. Recuero entonces cuando dices que habías ganado algo de peso frente a las anteriores fotos y es cuando yo pienso que ese cuerpo es lo que yo siempre he soñado. Me encanta contemplar tus caderas, tus muslos, tus pechos. Me pregunto si podré disfrutar algo de todo ello. Entonces, me muestras tus manos, que habían permanecido detrás de tu espalda mientras salías del baño. Una de ella está vacía y la otra lleva un consolador unido a un arnés. Es entonces cuando un escalofrío me recorre por toda la espalda. Entonces me dices "ya que como macho no sabes estar a la altura de las circunstancias, veremos qué tal lo haces como hembra". "Ponte a cuatro patas sobre el borde de la cama!". Yo obedezco asustado. Siento todo mi torso desnudo y arqueado, esperando recibir de la manera menos dolorosa posible el rabo que te estás sujetando a la cintura. "Bien, ya está!" Entonces, te acercas a mí mientras dices "para que veas que soy clemente, te dejaré que humedezcas tu ano con tus dedos durante cinco segundos". Yo rápidamente e intentando perder el menor tiempo posible, me llevo una mano a la boca y mojo todo lo que puedo con saliva el dedo índice y corazón. Los dirijo hacia atrás para untar bien mi ano. Vuelvo a repetir la operación y entonces tú ordenas que me detenga. "Alto zorra! Se ha acabado tu tiempo!" Entonces, acercas el pene a la entrada de mi ano y empiezas a hacer presión. Hay un gran suspense en mi mente. Contengo la respiración esperando que el dolor sea el menor posible. Entonces noto la presión de la punta del capullo que sostienes. Va aumentando. Más... más... finalmente noto cómo mi esfínter se empieza a abrir. Intento relajarlo rápidamente todo lo que puedo. Deseo que no dure mucho más. Es entonces cuando noto que el esfínter se ha dilatado lo suficiente para que entre todo el diámetro de tu verga.

Inmediatamente, esa polla de plástico se abre camino con facilidad por mi culo. Siento una sensación indescriptible. Me siento totalmente entregado, mientras cada centímetro se va deslizando hacia adentro. Suelto mi respiración que acaba a modo de gemido. Te encanta sentirme bajo tu poder. Bajo tus caderas. Bajo tus brazos que me sostienen por ambos lados de mi culo trayéndome hacia ti con firmeza y decisión. Mis huevos y mi polla cuelgan miserablemente. Mi polla está empezando a babear. Supongo que los embistes que has empezado a propinarme está poniendo mi próstata a mil y segregando todo el jugo que tiene dentro. Me encanta sentirme violado por mi ama. Con este sencillo acto, ha sacado la puta que hay en mí. Me ha arrebatado mi masculinidad o lo poco que queda de ella. Tú eres consciente de ello y decides bajar tu mano hacia mis huevos, mi entra dices "Ahora sabes que no eres más que una zorra. Una puta a mi servicio. Cómo hombre, ya has demostrado lo poco que vales. No cabe duda que si vales para algo es para que una tía como yo te de por el culo!".

Yo me muero por masturbarme. "Puedo masturbarme, mi ama?". "No! tu ama tiene derecho a correrse siempre antes que tú, cerdo!". Esto te ha puesto cachondísima y decides que es el momento de correrte. Sacas tu polla de mi culo. Noto un alivio gozoso. Noto mi culo totalmente abierto debajo de tu mirada dominante. Entonces te echas boca arriba sobre la cama, metes tu mano por debajo de tu ropa interior (todavía no soy digno de ver tu cuerpo desnudo) y comienzas a masturbarte. "Besa mi cuerpo mientras me masturbo, cerdo". Entonces me pongo de rodillas a tu lado e inclinándome empiezo a besarte. Nuevamente, con la mano que tienes libre, me vas dirigiendo hacia donde quieres que te bese. Voy recorriendo todo tu cuerpo mientras noto como la temperatura de tu cuerpo sube y tu respiración se va acelerando. Entonces sueltas tu mano de mis huevos porque sabes que no puede ser seguro para mí que te corras con ella agarrándomelos. En su lugar me agarras de la polla y mientras te corres la aprietas con fuerza. Me corta la circulación pero me encanta sentir a través de mi polla la intensidad de tu orgasmo. Suspiras y tu respiración se va calmando. Es entonces cuando vuelves a la tranquilidad y recuperando el aire dominante y distante, me ordenas bajarme de la cama y ponerme boca arriba en el suelo." Ahora puedes masturbarte!". Entonces te pones de pie junto a mi lado. Me pone a mil verte tan por encima mía. Ver todo tu cuerpo fantástico y excitante. Seguidamente levantas un pie y lo acercas a mi boca. Entonces me ordenas abrirla y lo introduces. "Chupa, cerdo". Yo chupo con locura, con deseo incontenible tu pie y me corro enseguida. "Eso es cerdo!" me dices mientras todavía estoy corriéndome y me cuerpo está tenso y arqueado por el orgasmo. "quiero que te limpies bien con la mano todo lo que ha salido y que lo chupes. No dejes nada!". Sigo tus órdenes, feliz por saber que he sido dominado por mi ama.

domingo, junio 15, 2008

MI PRIMERA VEZ (EXTRAÍDO DE LA RED)

















































































































































































































































Relato enviado por Juan Martín.

Mi primera Ama la conocí mediante Internet, tras un largo proceso de preguntas y conocernos por fin quedamos la primea vez un domingo de noviembre a las 10 de las mañana.
Ella me recogió en su coche, iba vestida con una camisa celeste, por fuera del pantalón el cual era baquero, y unas botas negras, nos tomamos algo antes en una cafetería como una última preparación de la relación y sobre todo para establecer una palabra en caso de que tuviese que parar y también diría yo para romper el hielo y coger un poco de confianza, evidentemente yo pagué la consumición de ambos, y tras esta breve pero larga charla nos fuimos para su casa, durante el recorrido no dejaba de mirarle sus botas negras.
Llegamos a su casa y entremos en un cuarto, el cual tenía un somier con una tabla de aglomerado que estaba sobre el somier, dos sillas, y un cuarto de baño muy chico. Una vez en el cuarto Ella me dijo:
- “Quítate la ropa y déjala en esa silla de ahí detrás”, yo obedecí.
Mientras me desnudaba Mi Ama, se sentó en la silla para mirarme.
Una vez desnudo (yo estaba algo nervioso y el pene lo tenía erecto y ciertamente hacía algo de frío, pero me gustaba tener esa sensación, fue la primera) me dijo que me acercara y me dijo:
- “Ponte de rodillas y ven detrás mía, cachorrito”
Antes de salir me dijo:
- “Se me olvidaba, ¿ves esos zapatos de ahí? Los negros de tacón, pues esos, quédate cuales son cachorrito, son algo viejos y en vez de tirarlo lo voy a utilizar para tu fantasía además, supongo que su olor te gustará.
Justo al salir del cuarto se volvió y me miró, yo la miré y me pegó un guantazo diciéndome:
- “Querido, cuando yo hable me contestas diciendo SI AMA, ENTENDIDO”
Con la cara roja dije:
- “Si Ama, entendido”
Riéndose proseguimos el camino. Fuimos hacia la cocina, al llegar allí me dijo:
- “Como vamos a estar aquí hasta por la tarde voy a poner en práctica la forma de alimentarte que me contaste, me ha picado la curiosidad y nunca la he practicado; además no se me ha ocurrido, así que arrodíllate al lado de la mesa, cachorrito y espera”
Yo obedecí diciendo:
- “Si Ama”
Mientras que deje de estar a cuatro patas y me arrodille Ella, sacaba de la nevera una fiambrera como media pelota cortada de color verde, y en su interior había algo blanco era ensaladilla rusa, tras esto cogió un vaso y lo llenó de agua del grifo. Tras esto me dijo:
- “Bueno haber que sabes hacer, quítame las botas, y dame un masaje que tengo los pies algo cansados porque ayer fue un día ajetreado y hoy he rematado teniendo que recogerte, vamos que yo tenga que recoger a este perro, y si me haces bien el masaje dejare que beses y que lamas mis pies”
Yo conteste:
- “Si Ama, como usted mande”
Bajé ambas cremalleras de las botas, saqué las botas con cuidado y despacio inicie a darle el masaje en ambos pies, lo cierto que me entraron ganas enormes de besarlos pero tenía que aguantar. No pasaron ni cinco minutos y me dijo:
- “¡Basta!, este masaje no es lo que me esperaba, así que no perdamos más tiempo en esta imitación de masaje y ve a por los zapatos que te dije antes”
Yo dije:
- “Si Ama, como mande”
Fui a por ellos y cuando volví iba a cuatro patas y con los zapatos en la boca, Ella estaba allí mirando sus pies enfundados en unas medias trasparentes haciendo como círculos en el aire con ellos, y me dijo:
- “Muy bien cachorrito, pensabas que vendrías de pie y con los zapatos en la mano, venga vuelve a ponerte de rodillas y aguanta los zapatos”
Así hice. A continuación metió en un zapato una cucharada de ensaladilla rusa y con la misma cuchara expandió la ensaladilla por la parte interior del zapato y en otro zapato vertió el agua, después le puse los zapatos. Al calzar el de la ensaladilla se salió un poco de mayonesa se me quedo mirando y me dijo:
- “Ni que se te ocurra, todavía no”
Cogió una servilleta y lo limpió. Tras esto me encantaba Mi Ama, daba gracias por poder servir a esta Ama.
Nos fuimos al cuarto del principio y me dijo:
- “Túmbate en la tabla de somier y tranquilízate cachorrito, que esto será el inicio de una bonita relación”
Encendió una vela blanca y mientras se derretía la cera cogió una cuerda y me ató los genitales en forma de bolsita, luego separo mis testículos y ya me ato el pene, me dolió algo, luego me puso unas pinzas de oficina en los pezones y en la parte de abajo del pene. Eso si, no me ató al somier, como que a mi me gusta el bondage y a ella también, pero acordamos que al principio no me ataría, porque nunca se sabe que se conoce en Internet y que hay detrás, yo se lo plantee y ella estuvo de acuerdo.
Me hizo volverme y ponerme boca abajo y subir las piernas, para que ella pudiera ver las plantas del pie, al hacerlo me aplasté los testículos contra la tabla y me puse un poco en pompa, Ella me dijo:
- “No, no, cachorrito serás novato , pero empieza a aguantar el dolor, y recuerda si lo que te voy a hacer ahora te duele, di la palabra”
A continuación me puso el pie en el culo me apretó para abajo y me vertió la cera en la planta de ambos pies. Solté un gemido e intente gritar, pero quería que se sintiera satisfecha y me aguante, aunque creo que le molesto, ya que me dijo:
- “ssshhh. Calla, y si no puedes aguantar, di la palabra”
Yo respondí:
- “Si Ama”
Luego de esto me mando que me pusiera boca arriba en el suelo, a los pies del somier. Ella se sentó en el borde del somier y empezó con los zapatos a estrujarme los genitales, me los estiraba para un lado para el otro, me los pisaba, se levanto me dio patadas, eso si flojas, aun estaba verde, en eso momentos si que grite un poco, y me dijo:
- “Venga que estas aguantando muy bien, cachorrito, no lo estropees y pronto te llamaré perro que es mi objetivo, convertirte en un perro de verdad”
Eso me ratificó, y me animó para seguir adelante sin gritos, aunque alguno que otro se escapaba. Tras esto se realizó un trampling suave.
Mas tarde yo empecé a realizar tareas de la casa, barrido, le limpie algún que otro zapato, le ordene la mesa del ordenador y serían las tres de la tarde e inicie a ponerle la mesa para comer, se la puse con espero, mientras hacía esto ella me seguía, y me parecía bien para que me supervisara y la comida pensaba que se asentaría en sus pies lo máximo posible.
Llego la hora de comer, y evidentemente comió Ella primero, tras esto fregué y recogí los platos, y por fin llego la hora, nos fuimos al salón, puso una toalla en el suelo y me dijo:
- “Venga, cachorrito, a comer, que seguro que estas deseándolo, hambriento, y además hoy tienes un menú especial”
Le quité el zapato en el que tenia la ensaladilla, le fui chupando su venerable pie, le quite la media, ya que era de calcetín la chupe y la puse al lado, con una cuchara rebañé todo el zapato y lleve toda la comida a la entrada del zapato empecé a comer la ensaladilla como un perro y lo que no pude rebañar con la lengua Mi Ama me dio permiso para hacerlo como una persona, con la cuchara, y luego vino el agua que bebí directamente del zapato. Tras terminar me dijo:
- “Qué, ¿te ha gustado? Espero que mis pies sepan deliciosos junto a la ensaladilla”
Yo dije:
- “Si Ama, riquísimo, la mejor comida que ha comido, y la verdad el ingrediente mejor de esta ensaladilla han sido sus pies, Ama”
Ella echó a reír, y quitándome la cuerda de los testículos y las pinzas, lo cual sentí un placer extremo en el momento justo que me quito las pinzas me dijo:
- “Bueno veo que por hoy está bien al cosa aunque acabemos antes de lo previsto, pero tienes que limpiarme los zapatos por dentro, para que puedan utilizarse otra vez y cuando termines te vas a dar una ducha, pero me avisas, ¿eh?”
Yo conteste:
- “Si Ama, muchas gracias”
Una vez que terminé, le dije:
- “Ama, ya he terminado”
Me respondió:
- “Muy bien, pues a cuatro patas llevas los zapatos a sus sitio y te espero en el cuarto de baño y lleva las botas, cachorrito”
Solté los zapatos y fui para el cuarto de baño con las botas, al verme aparecer me dijo:
- “Venga cachorrito, suelta las botas al lado del wáter te metes en la bañera, te tumbas y disfruta, eso sí, no te muevas”
Yo le dije:
- “Ama, permiso para hablar”
Ella me contesto:
- “Uhmm, no sé..............venga, di, cachorrito”
Yo conteste:
- “Muchas Gracias Ama, por concederme permiso, le quería decir, usted ha sido muy amable y me ha trasmitido confianza, si quiere atarme aquí en la bañera, como a usted le gusta el bondage y a mi también no me importa que me ate”
Ella contestó sonriendo:
- “Muy bien cachorrito, me parece bien ahora vengo”
Llegó y me ató las manos al grifo y los pies los dos solos, y me dijo:
- “Cachorrito no tires mucho, no te vallas a traer el grifo y te tendré que castigar”
Yo respondí:
- “No se preocupe Ama, pero me gustaría que me castigara aunque no arranque el grifo”
Ella riendo contesto:
- “jajaja, que sumiso eres, me va a gustar enseñarte, cachorrito”
Y diciendo esto abrió el grifo de agua fría y empezó a mojarme, hasta llenar la bañera por la altura por encima de los tobillos de Mi Ama, para que ella se pudiera meter, cosa que hizo. La bañera estaba lo suficientemente llena, y la cuerda era lo bastante larga, para que Mi Ama practicara privación del oxigeno, no me dejaba mucho tiempo bajo el agua ya que era novato, pero fue una experiencia inigualable.
Tras esto salimos de la bañera, sequé los pies de Mi Ama y le calcé sus botas negras que me mandó que se las pusiera, luego me seque yo, me vestí y antes de salir de las casa, para ir a tomar el camino de regreso, me dijo, mi Ama:
- “Toma, te lo has ganado aunque has dejado alguna que otras cosas sin limar, pero bueno, eso se ira limando con el tiempo, cachorrito”
Diciendo esto me dio un collar de perro, acto seguido antes de salir le bese los zapatos en señal de gratitud y le dije:
- “Muchísimas gracias Ama, se lo agradezco”
Ella me contestó riendo:
- “No me las des, lo de hoy ha sido una pequeña entrada que ya verás como aumenta y te arrepientes de darme las gracias.”
Salimos deseando que volviera el domingo siguiente para postrarme ante sus pies.

viernes, junio 13, 2008

UNA JORNADA EN LA PISCINA



















































































































































































































































































































































































































Les había invitado a pasar el puente del primero de mayo en aquel chalet que le habían prestado a él fruto de la devolución de varios favores hechos en su momento al dueño del mismo.



Había invitado a esa pareja de amigos, a sabiendas, más quizás por eso que por otra cosa, de que su esposo tendría que trabajar el viernes, y, durante ese día, podría estar a solas con ella, contemplando la exuberante belleza que siempre lo había cautivado. Esa belleza amazónica que él, desde hace años, admiraba en ella.



Después de haber pasado un tranquilo jueves festivo dándose unos chapuzones en la piscina privada del chalet, de haber estado los tres tostando sus cuerpos al sol y de charlar de proyectos y recuerdos durante las comidas, amanecía, por fin, ese viernes. Desayunaron los tres juntos, y al momento él se despedía de su mujer con un ligero beso, quedando los dos solos. No hizo más que cerrarse la puerta tras él, ella dijo con voz altanera:



-Ahora recoge toda la loza del desayuno mientras yo me cambio, y espérame en el jardín a cuatro patas, perro.


Él no supo qué responder. Pero aquella orden le llegó tan profunda, que no pudo menos que responder:


-Sí, mi Señora.

Con una sonrisa maliciosa comenzó ella a subir las escaleras hacia las habitaciones del chalet, teniendo la certeza de aquél día iba a ser diferente para ella… y para él.


Después de recogerlo todo con esmerada pulcritud, se puso el bañador y esperó obedientemente a cuatro patas al lado de la hamaca que ella había usado el día anterior. Transcurridos unos minutos que se le hicieron interminables en aquella postura, por fin apareció ella. Apoyada en la cristalera de la terraza que daba al jardín, lucía como una reina mora con aquella bata ligera que la cubría hasta los tobillos. Contoneándose como una pantera a sabiendas de lo que aquella visión impactaba en él, se fue acercando poco a poco a su hamaca. Y cuando llegó al lado del perro que estaba a cuatro patas, con un ligero movimiento de la mano derecha, se desató el cinturón de la bata dejando que ésta cayera suavemente por sus hombros marcando la tela de la bata todas las endiabladas curvas de su cuerpo.


Cuando levantó el perro un poco la mirada, sus ojos se extasiaron al contemplar tanta belleza en manos de una sola mujer. Cerca de su cara quedaban sus largas y tersas piernas, ya morenas del día anterior. Pudo apreciar por unos breves segundos el sugerente bikini que ella se había puesto para la ocasión, tan diferente del bañador conservador que había utilizado 24 horas antes. El de esta ocasión era de color negro brillante, de esos que cuando les da el sol se tornan azabaches. De una textura tal, que parecía una segunda piel de ella. Le marcaba perfectamente toda su figura. Rompiendo con la uniformidad del negro, lucía el bañador unos brillantes plateados en un tamaño y número tales, que proporcionaban al conjunto una sensación de poder y seguridad que dejarían atónito al macho conquistador más experimentado.


En aquella pose y luciendo tal bikini, parecía un cuerpo de otro mundo. Aquel físico era una burbuja de perfección absoluta, donde no faltaba o sobraba nada. Era la mujer perfecta en el bañador perfecto. El sujetador realzaba sus pechos marcando con descaro el nacimiento de los mismos, y dejando para su privilegiado marido la visión en su totalidad de aquellos senos. El perro que estaba a sus pies sólo tendría el placer de verlos, admirarlos y adorarlos.


-Mira al suelo, cerdo. Hoy vas a estar a mi completo capricho, y tendrás el privilegio de servirme, admirarme y adorarme como tu Diosa y Ama que soy. Yo te usaré como desee. Podrás ser desde un perchero hasta mi putita particular. Tu mente y tu cuerpo me pertenecen. Te premiaré y castigaré cuanto y cuando me plazca. Durante el día de hoy, solo hablarás cuando yo te lo permita, y al dirigirte a mí lo harás como Mi Ama o Mi Diosa. Y ahora prepárame un buen cóctel mientras voy tomando el sol.


El siervo, obedientemente, se dirigió a la cocina a cumplir la orden de su dueña. Regresó con el vaso en la mano acercándose en la postura perruna.

Espero le guste mi Ama.


-Ahora dame un buen masaje en los pies para que me relajes. Si lo haces bien te premiaré permitiéndote ponerme la crema bronceadora por mi cuerpo que tanto admiras y deseas.

Mientras los masajeaba el esclavo quedaba totalmente absorto contemplando y tocando aquellos dulces pies que tanto deseaba besar. Se regocijaba tocando y mirando aquellos hermosos dedos de sus pies con las uñas pintadas en un color violeta deslumbrante. De vez en cuando, aparentando indiferencia ella rozaba con alguno de sus pies el rostro de su esclavo, consciente de que aquello le excitaba. Como pareció contenta con el trabajo de su esclavo, le ordenó que suave y delicadamente le pusiera la crema solar.

Aquello fue para él el delirio del gozo supremo. Poder rozar la piel de su Ama y sentir en su alma cada poro de aquel cuerpo de porcelana. Como si de un valioso jarrón chino se tratara, comenzó a extender la crema por aquella figura nacida de dioses perfectos y bellos. Ella notaba perfectamente como a él se aceleraba el pulso cuando las manos del esclavo comenzaron a extender la crema desde los pies en dirección a sus muslos. Era terriblemente sexy cuando alzaba o flexionaba sus piernas para facilitarle a su perro el trabajo. El grado de palpitación de su corazón era directamente proporcional a la subida de sus manos hacia la parte púdica de su Señora.


-No te entretengas en mis muslos, cerdo. No te he dado permiso para excitarte. Sólo debes complacerme y procurar que yo reciba el mayor placer posible. Tú sólo debes limitarte a extenderme la crema y sufrir por el hecho de que esto es lo más cerca que vas a estar de mi escultural cuerpo. Cuando le llegó el turno a los brazos y estómago al esclavo le pareció que se desmayaría del placer. Hasta los perros pueden desmayarse.

Seguidamente se volvió grácilmente de espaldas a fin de que le pusiera crema. Ahí se esmeró mucho él para brindarle a su Ama el mayor relax posible y descargarle toda la tensión de su cuerpo. La crema ayudaba a que las manos se deslizaran bien y ella notaba hasta cierta dosis de placer, incluso algo diferente al que sentía cuando un masajista diplomado le daba su masaje mensual. Seguramente la excitaba el hecho de saber que su esclavo ardía en deseos de palpar su piel y que pagaría lo que fuese necesario por realizar aquella sesión de broncear a su Diosa. Al fin y al cabo, ¿existe algo más excitante para una mujer que sentirse adorada y deseada hasta la médula por un hombre?


-Ahora, mientras sigo tomando el sol, puedes adorarme como la Diosa que soy para ti, alzando y bajando los brazos extendidos, como si fueras un musulmán rezando hacia La Meca. Mientras, quiero oír de tus labios cómo me ves y cómo te sientes ante mí.


Y así, durante una hora, rodillas en tierra ante la hamaca comenzó a levantar sus brazos extendidos al cielo, mientras recitaba frases como: Divina Señora, es Usted para mí la Diosa de mi vida; es usted la Reina a la que debo servir hasta el final de mis días. No hay mujer de este u otro mundo que pueda compararse a la belleza de mi Ama. Todo su cuerpo es un deleite para la vista, incluso para la de un ser insignificante como yo. De entre todos los hombres que arden en deseos de servirla y adorarla, yo soy ahora el privilegiado que se postra a sus pies con el único deseo de servirla. Es usted mi Dueña y libre para hacer de mí lo que desee. Puedo ser su alfombra para que usted me pisotee. Puedo ser su cenicero si desea fumar. Puedo ser su mesa para apoyar su vaso. Puedo ser su chica de servicio para limpiar y ordenar su casa. Puedo ser su limpiador de zapatos y botas si usted me permite tal privilegio. Puedo ser su transporte si usted me honra al usarme como su caballo. Puedo ser lo que Usted desee o se le encapriche. Sus mínimos deseos o caprichos son órdenes divinas para mí.


-Ahora, besa mi mano y márchate a la esquina del jardín. No a la sombra, sino al sol.


Después de otra hora en que ella continuaba dejando que los rayos de sol acariciaran su cuerpo, observó que su perro tenía sed, porque llevaba toda la mañana sin beber y siempre había estado expuesto al sol.


-Ven perrito, le ordenó. Tráeme un buen vaso de agua fría que tu Ama tiene calor.


Llegó el sirviente con un vaso grande de agua fresca, y, mientras la portaba, los labios se le resecaban del deseo de beber un poco. Pero no se atrevería si su Dueña no le daba permiso.


-Supongo que tienes algo de sed, perro. Pero como mis pies son más importantes que tu sed, voy a regar esta agua por mis pies ardientes, e intenta beber de las gotas que rezuman de mis dedos. Serán un dulce néctar para ti, pues provienen de los pies de tu Diosa. Y mientras ella se echaba el agua por sus pies, miraba como el esclavo, en postura perruna pero de espaldas, intentaba tragar alguna de las gotas que escurrían de los dedos de los pies de su Ama. Mientras duraba este suplicio, ella le sonreía con la malicia de un Ama experimentada en la humillación de su esclavo.


-¿Qué se dice, cerdo?


-Gracias, mi Ama, por permitir que su perro pueda beber esta agua proveniente de sus pies.


-Ahora deseo darme un baño. A cuatro patas otra vez, ordenó; y llévame hasta el borde de la piscina. Pero, primero, cálzame las zapatillas.


De esa manera, y montada cuan amazona en su lomo, él pudo sentir el inmenso placer que le producía sentir los muslos de ella en su espalda.


-Despacio caballito, que si tu Ama se cae pagarás las consecuencias.


Lentamente se apeó de su “potrillo”, se descalzó, y obligó a su animal a mantener las zapatillas con su boca mientras la Diosa descendía su divino cuerpo en las cristalinas aguas de la piscina. Después de varios minutos nadando se sentó en el borde y ordenó a su sirviente que dejara las zapatillas en el suelo y se introdujera en el agua al lado de ella.


-Ahora serás mi potro dentro del agua. No todos mis esclavos tienen ese privilegio. Te indicaré a través de tirones de oreja si deseo que vayas hacia delante, atrás derecha o izquierda.


Pasó suavemente del borde a los hombros del potro, y con tironcillos de oreja hacia delante hizo entender a su esclavo que empezara a caminar dentro de la piscina. Como quiera que el sumiso se sentía dichoso al poder sentir en su propia piel los muslos mojados de su Ama, no se percató de que poco a poco iba hundiéndose cada vez más a medida que se dirigían a la parte profunda de la piscina.


-No te asustes caballito. Déjate llevar por tu Ama. Sufrirás un poco por la falta de aire, pero piensa que como compensación estás sintiendo la dicha de sentirme sobre tus hombros. Pocos hombres han tenido el honor de sentir mi tersa piel.


Ella no paraba de guiarlo de derecha a izquierda o de adelante hacia atrás. Las orejas del esclavo estaban rojas y ardientes de tantos tirones a pesar del agua fresca que ya sobrepasaba su cabeza. El Ama podía sentir la agitación del esclavo por la falta de aire, y esa sensación de poder la embriagaba. Saber que la vida de su esclavo dependía de que ella tirase hacia uno u otro lado de las orejas era una sensación digna de un cesar romano, donde la vida de los gladiadores dependía del movimiento de un dedo hacia arriba o hacia abajo.


Esto debe ser lo que llaman la erótica del poder, pensó ella, porque llegó a notarse sexualmente excitada. No cabía duda de que el día estaba siendo provechoso para ambos.


Cuando llegaron por fin a la escalera de la piscina el potro pudo respirar a gusto. Lo obligó a subir con ella montada las escaleras de la piscina, y llevarla hasta la hamaca.


-Ahora, mi camellito, baja suavemente hasta que tu Ama pose sus pies en tierra. Y seca suavemente mi cuerpo con la toalla. Obedeció excitado el sumiso.


- Lo has hecho muy bien, y tu Ama está tan satisfecha que voy a permitir alimentarte como el caballito que eres. Por tanto, vete a ese rincón y comienza a comer de la hierba, jajaja. Y cuando acabes, ve a la cocina y prepárame un plato con fruta troceada, que ya comienzo a tener algo de hambre.


El esclavo podía oír las risas de ella mientras masticaba aquella hierba asquerosa y amarga. Rezaba para que no le sentara mal a su estómago. Cuando ya no podía comer más, pidió permiso al Ama para ir a la cocina. Ella se lo concedió, y los pocos minutos, volvía a acercarse a la hamaca de su Diosa, como siempre a cuatro patas, con un refrescante plato de frutas tropicales troceadas. Ardía en deseos de comer algún trozo para calmar la intensa sed que sentía tanto por lo transcurrido del día sin beber, como por la hierba masticada hacía un momento. Mientras él volvía a su perruna postura al lado de la hamaca, ella comenzó a digerir aquella fruta saboreando cada bocado y rozándolo con sus labios antes de tragarla. De esta manera sabía que excitaba a su esclavo, al tiempo que lo hacía sufrir por el deseo de éste de refrescar su garganta.


Cuando el Ama había saciado su apetito y su sed, gritó:


¡Ve a cogerlo, perrito!, jajaja, rió mientras lanzaba un trozo de fruta a unos metros de donde se encontraban.


El perrito fue lo más rápido que podía permitirse a cuatro patas, y tragó con vehemencia aquel trozo de fruta, ahora salpicado de hierbajos y tierra. A metros de distancia podían oírse las risas de ella mientras le tiraba uno a uno cada trozo de fruta. Le encantaba humillar así a su esclavo. Cuando finalizó el suplicio de recoger a la carrera cada trozo de fruta, se acercó sumisamente a su Ama, y le dio las gracias por haberle alimentado.


-De nada, puerco, le respondió ella, al tiempo que acariciaba la cabeza del perro. Pero después comerás como es debido: a los pies de tu Ama y en tu recipiente de perro, finalizó entre risas.


Transcurrida una hora, y con las rodillas destrozadas por el rozamiento con la hierba, su Ama le ordenó que fuera preparando para ella un suculento almuerzo. Después de preparar esmeradamente un delicioso plato de muslitos de pollo, volvió a la hamaca para indicarle a su Señora que el almuerzo ya estaba preparado. Ella le ordenó que le calzara sus zapatillas, la ayudara a ponerse la bata, y, por último, la llevara en su lomo hasta la mesa. Ella observó que todo estaba preparado y el recipiente de su esclavo permanecía vacío al lado de su butaca.


-Así me gusta, esclavo. Todo bien preparado. Arrodíllate a mis pies en espera de que te dé tu comida.


Ella comenzó a comer aquellos muslos de pollo en salsa, que, la verdad, estaban deliciosos. Cuando se cansaba de morder la carne cercana al hueso, lo dejaba caer en el bol de su perro, y con el dedo índice le indicaba y ordenaba que comiera.


-Los perros no tienen manos, le indicó ella al verle la intención de usar las manos para intentar comer los mínimos trozos de carne que quedaban en los muslos de pollo que ella le arrojaba.


Cuánto disfrutaba ella viéndole en aquella postura e intentando morder los restos de carne. Reía como una posesa. Tenía la sensación de que cuanto más le humillaba, más disfrutaba ella de su dominio. A un chasquido de sus dedos, él se dispuso a recoger el plato de la mesa y servir el postre, que en esa ocasión se trataba de natilla con galletas. Comenzó el Ama a ingerir las galletas, y cuando quedaba sólo la mitad de la natilla se sintió repleta. Llevó el cuenco al suelo, se descalzó y hundió los dedos de su pie derecho en los restos de natilla.


-Come de mis dedos, perro, ordenó ella.


El perrito obediente comenzó a succionar, o prácticamente besar con suma delicadeza, aquellos hermosos dedos del pie de su Dueña. Eran bellos, hermosos, perfectamente proporcionados, deliciosamente suaves a los labios. Para no enfadarla ni siquiera sacó su lengua para limpiar aquellos pies de Diosa griega, aunque ganas no le faltaban. Su pene se hinchaba en el slip que llevaba mientras se alimentaba de aquella manera tan humillante.


-Ahora, termina de limpiarlos con una servilleta húmeda, y después lame el resto que queda en el cuenco.


El esclavo cogió velozmente un par de toallitas húmedas perfumadas con tanto esmero que casi saca brillo a la pintura de uñas de su Ama. Seguidamente, lamió el fondo de natilla con dificultad ya que estaba bastante seca. Viendo su Señora los esfuerzos de su siervo, le dijo con sonrisa maliciosa:


-Necesita más líquido para que puedas lamerla mejor-


Y depositó con lentitud tres escupitajos en el cuenco, que caían desde una altura de un metro hasta el bol.


-¿Cómo se dice, cerdo?


-Gracias, mi Ama. Me encanta mucho más así, dijo él con sinceridad.


-Deja bien reluciente el cuenco con tu lengua, le ordenó ella mientras con su pie hundía la cabeza del sumiso en los restos de natilla.


Su labor se vio interrumpida cuando ella le ordenó que la portease otra vez a la hamaca. Le encantaba que su Ama lo utilizara como medio de transporte, bien fuera sobre sus hombros o sobre su espalda.


-Recoge toda la cocina, pero prepárame antes un café como a mí me gusta.


-Rápido, estúpido, que no tengo todo el día- alzó la voz ella al verle ir tan lento a cuatro patas.


Después de haber transcurrido quince minutos sin que su esclavo le hubiera servido el café, se levantó realmente enfadada de la hamaca y se dirigió a la cocina. Se estaba acostumbrando tanto a aquel servicio de lujo que realmente le incordiaba la tardanza, cuanto más cuando le encantaba tomar el café seguidito del postre.


A pesar de ver a esclavo por el suelo recogiendo la primera taza de café hecha añicos por un tropezón previo de su mayordomo, ella no pudo controlar su furia, y descargó unas cuantas bofetadas en su cara mientras él, calladamente y en posición firme y orgullosa, pero de rodillas, aguantaba estoicamente las sonoras cachetadas.


- Perdón mi Ama, susurró él cuando parecía que su Ama ya había descargado toda su ira en su cara. Lo dijo con dolor, con las manos unidas como en un ruego a Dios, aunque, en este caso, iba dirigido a su Diosa.


Y en ese preciso instante en que el esclavo estaba de rodillas suplicando a los pies de su Ama, que lucía ese bikini de ensueño, aparece el marido de ella en la puerta de la cocina observando toda la escena.


Los dos quedaron atónitos y rígidos como estatuas al darse cuenta de que seguramente se gozó todo o parte del último cuadro.



martes, febrero 05, 2008

EL PERRITO ESPERA A SU AMA (FANTASIAS)























































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































Al oir el sonido de las llaves entrando por la cerradura, él, como siempre se apresuró a recibir a su Dueña a la misma puerta. Se puso a cuatro patas, y una distania tal de la entrada que el paso de su Señora no se viese interrumpido. El "perrito" se alegraba realmente del regreso de su Ama.



Como Ella le tenía prohibido levantar la cabeza en su presencia mientras no lo autorizase, el perro fiel sólo pudo a duras penas vislumbrar el atenduendo que ella levaba puesto. Todo un traje chaqueta en color gris, y con unos zapatos negros de tacón medio, pero fino.



-¿Cómo está mi mascota hoy? Fueron sus primeras palabras al atravesar el umbral.



El perro movía su cabeza y su culo en señal de alegría, pero sin atreverse a levantar la cabeza hacia su Ama.



Ella comenzó a pasear por la casa seguido a un paso por detrás por su perrito. A él. a cuatro patas, le costaba llegar siempre a su lado, intentando, al mismo tiempo, besar el suelo por donde sus zapatos negros pisaban.



Ella no paraba de seguirla por las habitaciones como el perro fiel que era, pero, la verdad, es que las rodillas ya le estaban doliendo bastante del sólido piso de mármol de la casa.



Por fin entro Ella en el dormitorio, y, ante el tocador, Ella susurró: silla. En ese momento, como una flecha se acercó en la misma postura canina en la que ya llevaba un buen rato, y se plantó ante el tocador a fin de que su Ama se dignase sentarse sobre su espalda, y, así, maquillarse más cómoda aquel rostro ya de por sí perfecto y peinar suavemente su pelo.



A la media hora de aquella tarea, Ella le ordenó que le preparase un café. Eficiente como un camarero del Hotel Waldorf Astoria, el sirviente le preparó un café como a Ella le gusta.




En esta ocasión su Dueña le permitío traer la bandeja a dos patas, es decir, caminando. Fue frente a ella como pudo sentir la realidad abrumadora de la belleza de su Ama. Al verle su cara babeante, Ella le dijo que sabía que él la respataba tanto y la deseaba tanto que aunque ella se despojase de su chaqueta y quedasen a su vista aquel torso divino cubierto por una blusa sin mangas en tono pálidos que marcaban sus delirantes pechos y las curvas sinuosas de sus caderas, jámas él se atrevería a rozarla, salvo que Ella se lo autorizase.




Y efectivamente, cuando la vio sin la chaqueta, contempló todo aquel cuerpo perfecto, y lo que más deseó en aquel momento no era que su Ama le permitera tocarla. Lo que él ansiaba en realidad era postrarse ante aquella belleza exultante de Diosa griega, y, postrado a sus pies, adorarla hasta la saciedad de la noche. Adorar y dar gracias a su Ama por ser su Luz, su Dueña, su Protectora, su Castigadora, su Dadora... en resumen, una Ama que le protegía con la autoridad con que una buena Dómina sabe hacerlo.



viernes, enero 04, 2008

LA PUERTA DE ENTRADA AL BDSM

























































































































A estas alturas del blog, preguntar cómo me introduje en lo que hoy se denomina BDSM sería repetitivo y cansino. Y no es mi intención agotar a nadie con la lectura de mi vida íntima, que es ya toda una épica del aburrimiento. Baste decir, por resumirlo de alguna manera sencilla, que desde la infancia ya estaban en mí, y a mi vista y sentido, determinadas fantasías y situaciones con respecto a la mujer, las cuales, con el tiempo, he podido identificar como sado-maso, y, más tarde, con el BDSM.


En todo caso, la reflexión, aprovechando el comentario de un amigo, es si existe más de alguna vía para introducirse en este mundo. Indudablemente, por lo menos una existe, que es por la que yo llegué y acabo de nombrar. Pero quizá existe más de una.


Parto siempre de la base de mi desconocimiento de la sexualidad a nivel teórico. Por tanto, mi pensamiento es más bien fruto de mi forma de ver las cosas, y también de lo que he podido leer sobre la forma de llegar de muchos a este hermoso universo del BDSM.


A mi modo de ver, las fantasías, gustos y deseos BDSM están mayormente presentes en todos los seres humanos. Téngase en cuenta que las facetas del BDSM son muchísimas, y dentro de éstas, los grados de cada una. Me resultaría extraño que alguien no sintiese un mínimo placer o deseo en el hecho de atar o ser atado durante el acto sexual; placer por ser, por lo menos, levemente arañado por la pareja; vendar o vendarse los ojos para no ver las acciones del amante, y aumentar así, la inquietud y la tensión de lo desconocido...


Dicho esto, lo importante es saber si esas fantasías ya existentes despiertan de una manera clara en nuestra mente o no. Y en el caso de que despierten, qué hechos o circunstancias pueden realizar este prodigio. Indudablemente, el hecho de experimentar con alguien que ya tiene los gustos BDSM adquiridos es una vía para conocer y, a lo mejor, encariñarse de estas prácticas.


Otra vía puede ser la manera autodidacta. Quiero decir, aquella persona que a lo mejor leyendo o viendo alguna foto relacionada con una de las prácticas, se ve invadida por un cierto hormigueo de placer; y que, a base de seguir leyendo o viendo fotos llega a identificarlo con una práctica sexual tan definida y amplia como es el BDSM.


Por tanto, si, como dije antes, esas fantasías están dentro de nosotros normalmente dormidas, casi nunca nadie podrá estar seguro de no ser un potencial "activista" del BDSM. La puerta del BDSM está allí para quien quiera o desee entrar. Sólo pido que no la atraviesen muchos por la mera curiosidad o por salir de la pura rutina sexual diaria. El BDSM se merece todo un respeto.


Aunque como sumiso deseare la existencia de muchas Amas, bien es cierto que me gusta que el BDSM siga siendo una práctica minoritaria. Creo que si se volviese popular, perdería gran parte de su encanto. A lo mejor me equivoco.

jueves, enero 03, 2008

MI CARTA A LOS REYES MAGOS






















































































































Creo que nunca se es demasiado viejo para escribir una carta a los Reyes Magos. Estos reyes son, al fin y al cabo, uno de los pocos bastones de esperanza a los que podemos agarrarnos hoy en día a fin de mantener la confianza en el ser humano y en nosotros mismos.


Siempre dentro del ámbito de este blog, y de la parte desconocida del desván que es mi mente, voy a pedir lo siguiente:


A Melchor, le pediría la fuerza y la fe para seguir fantaseando con historias de BDSM, y que nunca me llegue el hastío y la frustración por ello.


A Gaspar, que se cumpla el deseo de poder llevar a la práctica alguna de esas fantasías con algún ser al que considere y me considere especial. Que, si ocurriese, me dejase pleno de vida sin grado de arrepentimiento o culpabilidad alguno.


Por último, a Baltasar, le pediría sensibilidad para poder seguir adentrándome en este mundo sin fin que es el BDSM. Y respetar a todos los practicantes por muy "raras" que sean sus predilecciones, y que yo, de la misma manera, sea respetado por los demás, sean amigos o no, sepan o no que el BDSM forma parte de mi vida.