viernes, marzo 30, 2007

LA CONFIDENTE 5ª PARTE



























































































































































































































































































A pesar de sus denodados esfuerzos por posponer el siguiente encuentro, lo llamó por teléfono a los cinco días, ordenándole presentarse en su casa a las once de la mañana del día siguiente. Durante la noche anterior a la cita, mientras su marido dormía a su lado, ella intentaba recrear alguna escena a desarrollar con su nuevo esclavo. Se sentía excitada mientras pensaba en ello. Más o menos, ya tenía el esbozo de su siguiente "sesión" como dómina.

Esa esperada mañana ella lucía una blusa blanca con estampado en negro y unos vaqueros con pata de pitillo. Se había puesto a propósito este tipo de pantalón para que resplandeciera por fuera del mismo unas botas marrones estilo vaquero, color camel. Sólo le faltaba el sobrero de vaquera para ser la protagonista de un western americano. Cuando sonó el timbre casi corrió hasta la puerta. Pero se dijo: que espere un poco, y así sufrirá más (¿o se excitará más?). No estaba segura. No se hacía todavía a la plena idea de que el "sufrimiento" puede ser placentero y excitante. En eso estaba su cabeza cuando abrió la puerta.

Estaba espléndidamente bella. Estaba sexy con aquel atuendo vaquero. Como si nada hubiera ocurrido en la anterior cita, él acercó su cabeza a la mejilla de ella para darle un cándido beso. Pero, de pronto, vio su camino obstaculizado por la mano de ella, que le impedía el beso. Delicadamente, ella le mostró su dedo índice con la yema señalando sus pies. Aunque algo reticente, él entendió el mensaje. Mientras ella cerraba la puerta, el hombre, con el apoyo de sus manos, fue arrodillándose y postrándose hasta quedar su cara a diez centímetros de las botas de aquella mujer. Qué preciosidad de botas, pensó él. Le dan el aspecto atemorizante de una amazona.

De esta agradable visión lo sacó la punzada de dolor que le produjo el aplastamiento de sus manos por parte de ella. Sin haberlo percibido, ella tenía puesta una bota sobre cada mano, y las movía un poco, retorciéndole ligeramente la piel. Mientras ella dejaba caer todo su peso sobre las manos del esclavo y ladeaba un poco sus suelas para que sintiera ese cálido dolor, ella, con expresión suave, pero segura, dijo:

-este pequeño castigo que te estoy infligiendo es para que la próxima vez no olvides que en mi presencia, salvo que te ordene otra cosa, debes permanecer de rodillas o a cuatro patas. Que no tenga que recordártelo otra vez con mi dedo, o abofetearé sin piedad tu cara.

Seguidamente, sin posibilidad de réplica, dijo: ahora voy a salir a comprar alguna cosilla. Ordena bien la casa, y limpia muy bien las botas de tu ama, que están en mi dormitorio puestas en fila. Límpialas bien y sácales brillo. Las suelas las limpiarás con tu asquerosa lengua, y el resto con gamuza y betún.Si quedan a mi gusto, te permitiré limpiar las que llevo puestas cuando llegue. Y no se te ocurra husmear en mis cosas, ni mucho menos rascarte una paja mientras contemplas y das lustre a mis botas.

Acto seguido se marchó cerrando la puerta tras ella. Bajando en el ascensor, pensaba que la escena, aunque la había programado un poco, fue mayormente improvisada. Y lo que más la asombraba era la naturalidad con que ella tomaba las riendas de la situación. Cierto halo de placer, poder y seguridad en sí misma se apoderaba de ella.

Sin pérdida de tiempo, él se dispuso a ordenar la casa, lavar la loza, hacer la cama... Estaba deseando terminar para dedicarse a su mayor pasión: limpiar las botas de su nueva ama. Las había visto todas en fila, tal y como ella le explicó. El verse en aquella habitación con las preciosas y sexys botas de su diosa dispuestas a ser limpiadas por su lengua y por el betún, le parecía lo más parecido al paraíso.

Una a una las fue limpiando con esmero, sacándoles brillo, acariciándolas con sus manos y sus mejillas, besándolas con frenesí de enamorado. El punto álgido de esa pasión llegaba cuando lamía con su lengua aquellas suelas. En aquellos momentos es como si el mundo y el tiempo se hubieran detenido, y todo a su alrededor careciera de valor. Ese era su mundo perfecto: él, las botas de su ama, y el pensamiento continuo de él imaginando a su diosa enfundando sus maravillosas piernas en cada una de sus majestuosas botas. Mientras soñaba con su dueña, sus botas y su labor de limpieza, su miembro brotaba inconscientemente dentro de un paroxismo de sensualidad sin precedentes.

Apenas fue audible para él la apertura de la puerta. Habían transcurrido tres horas, y para él sólo habían sido pequeños minutos. Con todo, llegó a la puerta y, con la lección aprendida, se postró ante aquella deidad de mujer en señal de sumisión y respeto. Él acercó su cara hasta las botas de ella, y como quiera que ella no se lo negaba, besó con pasión y amor aquellas botas vaqueras que llevaba puestas.
-Te permito besarlas esclavo porque espero hayas hecho bien todas las tareas que te ordené.

- Sí, mi diosa, -se vio diciendo él- he hecho todo lo que usted me ordenó lo mejor que he sabido. Espero sea de su agrado. Y cuando pasaba de una bota a la otra para seguir besándolas, ella se paseó por toda la casa para inspeccionar la obra del sirviente. Él la seguía besando el suelo por donde pisaban las suelas de sus botas. Por la sonrisa que ella esbozaba le pareció que estaba bastante satisfecha con el trabajo, incluso cuando pasaba su divino dedo por algún estante para comprobar si quedaban restos de polvo. Cuando entró a la habitación las botas estaban perfectamente ordenadas y brillantes. Así y todo, ella ordenó: alcánzame una de las botas para ver si has realizado un buen trabajo. Él cogió una de las negras de caña alta y afilado tacón y la llevó hasta la altura de las manos de ella, para que no tuviera su ama que agacharse ni lo más mínimo.

Pero debe ser que no lo hizo de la manera correcta, porque ella le soltó una bofetada en su mejilla, al tiempo que exclamaba: Así no, esclavo. Hazlo con la delicadeza y devoción que debes mostrar con todas las prendas de tu diosa. Ella se percató del ligero placer que aquella indolora cachetada había producido en su sirviente. Tampoco le pasó inadvertido el gustirrín que sintió ella al dársela. La verdad es que las botas están como nuevas, pensó. Incluso las suelas estaban todo lo radiante que podían permitir su uso.

Como premio por tu trabajo, no voy a permitir que limpies mis botas mientras las llevo puestas, sino que te recompensaré con algo mejor. Vas a tener el honor de darle a tu ama un masaje de pies, porque la verdad es que vengo muerta. Él la seguía a cuatro patas hasta el sofá, donde ella se sentó reclinando su cuerpo hacia atrás. Puso una de sus botas sobre el hombro de él, a la espera de que la descalzara. Él sintió un embriagador placer cuando lo hizo. Y se incrementaba a medida que él bajaba lentamente la cremallera de la bota, se la quitaba con esmero y delicadeza, y al final, tiraba suavemente del calcetín, dejando al descubierto su hermoso pie. El tenerlos cerca de su cara se le antojaba como estar en el séptimo cielo. Siguió con la otra bota. Seguidamente sus dedos comenzaron a masajear aquellos finos y delicados pies, recreándose en cada uno de los muy cuidados dedos de ella.

Ella pensó que aquel era un buen sistema para los días que llegaba cansada de caminar. La sensación que le producía el masaje de sus pies era una mezcla de relajación y placer sexual. Aunque le hubiese gustado más que fuera una mujer la que estuviese postrada masajeándole los pies, la verdad es que este esclavo lo hacía realmente bien. Jamás había tenido la oportunidad de recibir un masaje, y mucho menos en los pies. Pero si el resto del cuerpo se iba a sentir igual que ahora sus pies, estaba dispuesta a que el masaje fuera una de las constantes tareas de su recién estrenado esclavo y sirviente.

Mientras masajeaba delicadamente los pies de su deseada ama, el mundo se paraba. No existían los problemas ni las prisas de cada día. No existía la noche ni el día. Su única preocupación era otorgar a su dueña el mayor placer que él pudiera darle con aquel masaje. Sin duda, el deseo de poder besar desenfrenadamente aquellos dedos de sus pies, le hacían sumirse en una tortura de placer, pero no deseaba romper aquellos instantes mágicos donde ama y esclavo escapan del tiempo y de los convencionalismos cotidianos.

- Sé que estás deseando besar y lamer los pies de tu ama, perro; pero hoy no te mereces tanto, - indicó ella. Y con mucha autoridad, exclamó rompiendo la magia: quiero estar sola. Márchate, y no vuelvas hasta dentro de tres días, a la misma hora. Mientras él se levantaba, ella, a modo de despedida, le dijo:

- Antes de venir, pasa por la tienda "L'armoire", en la calle Perojo, y recoges algunas cosas que he reservado. Diles que fueron reservadas por tu ama. Ellas no saben mi nombre. Sólo saben que un esclavo recogerá y pagará algunas cositas de las que su ama se ha encaprichado. Las pagas de tu dinero, ya que se trata, entre otras, de objetos que tu diosa va a utilizar contigo. También reservé algunas prendas sexys que tu ama se pondrá para agradar y seducir a su marido. No lo olvides cerdo, y ni se te ocurra mirar el contenido. Y piensa que todo el dinero que gastes en tu ama será siempre poco en relación con los cuidados y prendas que un cuerpo escultural como el mío exigen.

Se marchó con la extraña sensación de que estaba estaba disfrutando con la situación de sumisión; y con la percepción de que, por primera vez, y a sus 45 años, había logrado lo más parecido a un orgasmo, y sin necesidad de eyacular. Era un orgasmo anímico. Era el final del camino tortuoso de la insatisfacción, de las renuncias, de las privaciones, de los complejos, de las dudas... Por fin, había llegado al final del trayecto, donde te sientes sexualmente realizado, valorado como ser humano y feliz por ser como eres. No todo el mundo llega a ese final, pensó para sí, mientras se adentraba en la vida vacía del trabajo, las obligaciones...


(CONTINUARÁ)

jueves, marzo 29, 2007

EL ABISMO DEL BDSM


































A ESTAS HORAS TAN INHÓSPITAS DE LA NOCHE ACABO DE LEER UNA REFLEXIÓN DE LEO (UN AMA NO PROFESIONAL QUE MANTIENE UNA RELACIÓN D/S CON SU PAREJA ESTABLE, Y A LA QUE DE VEZ EN CUANDO LEO EN SU BLOG).
PIENSO QUE EL ABISMO DEL QUE ELLA NOS HABLA PARA ALEJARNOS DE LA MONÓTONA REALIDAD, ES EL BDSM. YO POR LO MENOS ASÍ LO PIENSO. POR ELLO, Y POR LO HERMOSAMENTE REDACTADO QUE ESTÁ, ME ATREVO A PONERLO EN ESTE BLOG.
EL ABISMO

La oscuridad de tu mente, el negro vacío que te rodea y te hace caer no tiene por que tener connotaciones negativas.
Es un seguro refugio alejado de pasiones y sentidos.
Una grieta en tu mente, la tabla a la que te agarras en medio del mar de los naufragios.
Cierras los ojos y ahí tienes su espiral, la que te guía y te arrastra hacía su centro, girando en círculos sin moverte de tu sitio. Como en un tiovivo la sensación de peligro, la adrenalina en tu estomago, te indican que bajas y bajas, dentro del ascensor de tu mente. Dulce refugio de penas y pesares, salvavidas de tus tristes momentos, de la tristeza de tu vida. Mi abismo, mi lugar seguro, el rincón oscuro de mi mente donde guardo el secreto de mi felicidad, donde residen mis pasiones más ardientes, donde nadie llega, donde habita mi lado oscuro, mi mejor mitad, mi yo más autentico, mi ego reforzado, mi vida al margen de esa realidad superficial que me vacía día tras día, la que solo me aporta cosas superfluas, sinsentidos que crecen y suman cada día más irrealidad a mi vida.
Por eso me gusta caer al abismo, dejarme llenar por el vacío.
Desprenderme de la sucia capa de la realidad irreal. Cerrar los ojos y caer, girando siempre hacía abajo en la espiral de mis propios sentidos, ir soltándolos uno a uno cual lastre incomodo, sumergirme en las profundidades de mi mente en cada una de las vueltas hasta tocar fondo para volver a emerger limpia de desidias, limpios los sentidos, vaciada de mi misma.

domingo, marzo 18, 2007

LA CONFIDENTE 4ª PARTE




















































































































































































































































































































Tras cerrar la puerta, su cuerpo se relajó de tal manera que casi cae redonda al suelo. Jamás creyó que aquel encuentro finalizara de aquella manera. Al principio, ella intentó que la seguridad que siempre tuvo en sí no la abandonara. Y le pareció que todo fue bien. Pero en el momento en que finalizaban el café, aquel imperativo de que él llevara las tazas de café al fregadero le salió sin pensar. Quizás tenía curiosidad de cómo reaccionaría él ante aquella orden. Al mismo tiempo que la decía ya se estaba arrepintiendo; y quedó asustada mientras pasaban los largos segundos sin que él reaccionara. Otra fuerza desconocida la impulsó a amenazarle con tirarle de las orejas sin lo cumplía la exigencia. Estaba a punto de pedirle disculpas por el modo en que lo trató, cuando vio que él, sin rechistar, se levantó con las tazas para llevarlas a la cocina.

Fue entonces, y ante el reconocimiento tácito de la superioridad de ella, cuando le soltó a él toda la perorata sobre su condición de esclavo de la mujer y de ella misma. Le salió con una tranquilidad y naturalidad de las que ella, aun ahora, estaba sorprendida. Mientras él cumplía como buen sirviente todas sus órdenes, ella no pudo dejar de pensar en sus propias fantasías nacidas a raíz de la lectura de su blog.
De estas fantasías su preferida era en la que ella se veía como una reina-diosa de la antigüedad, dentro de un palacio de las mil y una noches, y con todo un harem de esclavos y esclavas preocupados sólo del bienestar y placer de ella. A los esclavos masculinos sólo los utilizaba para las tareas duras y para su propio placer sexual, las pocas veces que sentía necesidad de un pene. Porque, indudablemente, su mayor deleite lo producían sus esclavas cuando sufrían, de alguna u otra manera, las vejaciones y torturas a las que ella las sometía. Amagos de gozo recorrían su cuerpo y mente cuando ella misma, o a través de esclavos, flagelaba los cuerpos de sus esclavas como castigo por la poca eficiencia de éstas. Ella, la diosa, sentada en su trono, disfrutaba del espectáculo. Ataviada con un conjunto de braga y sujetador de cadenitas metálicas que la impregnaban de un poder y de una sensualidad arrebatadores. Y así la veían sus súbditos. Para ellos su diosa era la sensualidad hecha mujer. Todas admiraban y envidiaban el cuerpo de su ama. Sus esclavos ardían en deseos de ser llamados por su diosa para que los utilizara sexualmente. De una u ora manera, todos los seres de su reino vivían subyugados a la belleza, poder y crueldad sin límites de su reina-diosa. Gustaba que sus esclavos se postraran al paso de ella, mientras otros dejaban caer pétalos de rosa en el recorrido de sus divinos pies. Esos divinos pies que bien iban descalzos, o calzados con unas sandalias plateadas de tiras hasta la rodilla.

De todas las crueldades físicas o sicológicas a las que gustaba someter a sus esclavas, una destacaba sobremanera. Le producían verdaderos orgasmos que laceraban su cuerpo a golpes de placer. Y normalmente después de ese tipo de sesión le agradaba terminar la velada con uno, dos o tres de sus bien dotados y musculosos esclavos masculinos; o bien, llegaba ella misma a la cúspide del placer a través de la masturbación. Ésto último lo podía lograr con sus propias manos, o bien a través de las manos expertas de un grupo de esclavas, que, a través del baño que la brindaban, el posterior masaje, y las interminables caricias, producían en ella una oleada de dicha que finalizaba con un torrente de sus propios fluidos. Todas las esclavas se peleaban para poder ser cada una la elegida para, arrodilladas ante su mama, beber y tragar todo aquel manantial de líquidos sagrados.

En la escena que más la apasionaba vivir con sus esclavas, ella elegía a alguna de las muchas que, deseosas de estar con un hombre, permanecían inactivas sexualmente durante meses o años. De por sí, esta abstinencia forzada de muchas de sus esclavas ya le producía placer. Pero lo que hacía vivir a la elegida para ese día, era para ella el máximo del poder y la crueldad sicológica.
La diosa hacía atar de manos a esta esclava ardiente de sexo y le colocaban un collar con correa, la cual ataban a un poste. A continuación, ordenaba a uno de sus esclavos mejor dotados y más bellos acercarse a la víctima. Aquéllos solían conservarse en buena forma debido a los duros trabajos que realizaban para su ama y señora, y al esmero que ponían en el cuidado e higiene de sus ya bien formados cuerpos. Todo ello, con el único fin de poder ser los agraciados para dar placer de una forma más personal y sexual a la reina y ama de sus sueños. Este esclavo era de mediana estatura, rubio, joven. Era como un dios griego del olimpo. Su tez tostada por el sol no hacía más que resaltar los bellos y potentes músculos que surcaban su cuerpo. Sin ser inmenso, su pene era de un grosor y tamaño tales, que hasta la hembra más exigente lo hubiera alabado.

Preparada la escena, la reina se acercaba sensualmente a la pareja de esclavos, y obligaba al macho a acariciar suavemente la piel de la esclava para ir calentando sus, ya de por sí, ansias sexuales. Al mismo tiempo, el ama incitaba con sus caricias al esclavo, con el lógico aumento del volumen del pene. Todo ello se hacía de tal manera que el pene quedara a la altura de los ojos de la esclava, y a una distancia no mayor de diez centímetros. El ama jugaba con el deseo de sus esclavos: la esclava deseaba engullir y chupar aquel hermoso y creciente pene; mientras el esclavo se quemaba poco a poco en el deseo de continuar siendo acariciado por su ama, y quizás terminar haciendo el amor con ella. No deseaba follar a la esclava. Sólo sentía y vivía para su ama. Su sexo era sólo para su ama.
Mientras la diosa disfrutaba de la escena, le decía a su esclava con voz melosa:
- Intenta besar y chupar esta poya que tanto deseas, cerda.

Lógicamente, ella lo intentaba; pero a medida que se acercaba al deseoso pene, el collar iba atenazando su cuello y dejándola sin aire para respirar. Ésto era el súmum del placer para la despiadada reina: sentir sus jadeos de asfixia mientras inútilmente intentaba acercar sus labios al pene. Ese poder era para ella el sexo perfecto, el orgasmo más salvaje.

Para finalizar, y si los esclavos habían estado a la altura de lo deseado por ella, obligaba al macho a masturbarse y correrse en el suelo, cerca de la perra esclava.
-Ahora, lámelo perra, y disfrútalo, porque no creo que la próxima vez sea tan generosa contigo.
Un orgasmo terriblemente placentero la sacó de sus fantasías, sin haberse percatado de que sus dedos estaban impregnados de sus fluidos. Instintivamente se había masturbado mientras soñaba con aquella escena. Unos deseos irrefrenables de llamar a su nuevo esclavo hicieron mella en su ego. No, pensó. Haría sufrir a su sirviente obligándole a esperar algunos días hasta su nuevo encuentro... pero no muchos. Ella ya estaba deseosa, y prepararía la escena.

CONTINUARA)

viernes, marzo 16, 2007

LA CONFIDENTE 3ª PARTE


























































































































































































































































































































































































Le costó recuperarse de tan duro mazazo. Entre sorbitos de café e intercambios de frases insulsas y mundanas, él fue recuperando su compostura interior. Estaba conversando, al fin y al cabo, con una mujer que parecía cogerle cariño a la dominación. Peor era eso que nada. Quizás, con el tiempo, podrían intercambiar puntos de vista sobre el tema de la D/s. Él siempre estuvo interesado por conocer el mundo desde la perspectiva de una ama. Había hablado una vez con una. Pero había sido tan corto, y él se había sentido tan abrumado y tímido a la vez, que casi no pudo percatarse ni de su presencia.

-Sobre todo, me daban mucho que pensar las fotos- comenzó diciendo ella, -y siempre que veía alguna sobre la dominación de una mujer sobre otra, se agitaba un no sé qué dentro de mí. Y quizás, si sigo aprendiendo sobre estos temas, llegue a ser un ama de mujeres de cierta categoría, y con un establo de esclavas en toda regla. No sé decirte si es por algo que me ocurrió de pequeña, pero de siempre me relamía de gusto cuando le hacía alguna putadilla a alguna amiga o compañera. También me hacía sentir bien las innumerables veces que les hacía sentir envidia por mi atractivo resultón, y por la cantidad de muchachos que, desde la época de instituto, se rifaban mi atención. Mientras ellas debe ser que no atraían a nadie y no se comían una rosca. Quizás el hecho de ver esas pocas fotos de ama-esclava hicieron resurgir en mí esos primitivos instintos de superioridad, poder y dominación.

Él la escuchaba ya atento, y le alegraba que ella estuviera siendo tan sincera con sus "cosas" como siempre lo fue él con ella. Esa complicidad le gustaba. Se confirmaba que no era un bicho tan raro. De pronto ella exclama:

- ¡Lleva las tazas al fregadero, estúpido!

Se quedó atónito ante aquella reacción de ella. Aquello se salía totalmente del guión. Y sin haber salido de su sorpresa, escucha:

- ¿Lo haces ya, o prefieres que te vaya tirando de la oreja hasta la cocina?

Desconociendo qué fuerza lo impulsó a ello, se levantó, recogió las dos tazas y las llevó al fregadero sin pronunciar palabra. El silencio embargaba la estancia hasta el momento en que volvió al sofá para sentarse.

- No te he dado permiso para volver a sentarte, esclavo- dijo ella, ésta vez con la sensualidad de su voz natural. Mientras ella cruzaba las piernas y movía su pie cubierto por el calcetín, prosiguió:

- eres una esclavo por naturaleza, y, como tal, a partir de ahora, cada vez que vengas a esta casa te arrodillarás ante mí, y besarás mi mano y mis pies o lo que lleve puesto en ellos, en señal de sumisión. No te cuestiones si soy un ama o no. Lo que nunca debes olvidar es que tú siempre has sido y serás un esclavo de la mujer. Y yo, antes que ama de mujeres, soy un ama. Disfrutaré aprendiendo contigo como esclavo, y tú tendrás el enorme privilegio de servirme y adorarme como la diosa que, a partir de ahora, voy a ser para ti.

A pesar de sus ancestrales sentimientos sumisos y de los deseos de servir a una ama, él se sentía avergonzado, ridículo y, quizás, hasta ultrajado. Le costaba horrores el tránsito de la fantasía a la realidad. No fue tan natural como él pensó podía serlo. A resultas de esto, él comenzaba a elaborar una respuesta al estilo "estás equivocada conmigo", o "estas cosas no suceden´o se llevan así". Pero como leyendo en sus ojos, ella se adelantó y le ordenó de forma enérgica:

-¡ Ni se te ocurra protestar! Ahora te marcharás, y acudirás cuando yo te avise. No admitiré ninguna excusa si te retrasas o faltas. Ahora, ponte de rodillas y sígueme hasta la puerta de la calle.

Ella se levantó lenta y majestuosamente del sillón de cuero, y se giró en dirección a la puerta. Viéndola de espaldas, y desde aquella postura inferior, la figura de ella le resultaba más esplendorosa, bella y sexy.

- Ahora besa el suelo por donde piso, y no se te olvide saltarte ninguna de mis pisadas o tendré que propinarte una buena zurra- dijo ella.

Comenzó a caminar lentamente hasta la salida, mientras él iba besando ansiosamente cada espacio frío de mármol donde su pie encalcetinado dejare huella. El recorrido, a pesar del dolor de sus rodillas, se le hizo tremendamente corto. Al llegar a la puerta los dos pararon, cada uno en su postura.

- Besa una sola vez mis dos pies y márchate, ordenó ella.

Poco a poco agachó la cabeza hasta sentir el dulce olor de aquellos calcetines. Un sólo beso a cada pie le pareció un castigo tremendo como sumiso. Él se pasaría horas besando aquellos calcetines, imaginando sus hermosos y delicados pies de diosa dentro de ellos. Los dos besos fueron delicados, llenos de ternura y devoción, en un intento de retener por vida en su olfato aquella fragancia que emanaba de la lana de sus calcetines.

El sonido de la puerta al cerrarse tras él, no lo sacó de su estado placenteramente sorprendido. No miró hacia atrás por temor a que ella estuviese observando por la mirilla. Mientras bajaba en el ascensor no paraban de mezclarse en su cabeza los muchos sentimientos y sensaciones que tenía de sí mismo tras aquel encuentro: miedo, valentía, ridiculez, orgullo, temor, esperanza, amor y odio.


(CONTINUARÁ)

miércoles, marzo 14, 2007

VELADA PARA DOS (RELATO DE LA WEB)












































































































































































































































































































MIENTRAS SIGO ESPERANDO LAS MUSAS DE LA INSPIRACIÓN PARA PODER CONTINUAR MI RELATO PERSONAL, A CONTINUACIÓN VA OTRO RELATO EXTRACTADO DE LA WEB. ME GUSTA MUCHO.

VELADA PARA DOS

Autor: Ulises
e-mail: ulisesvdsm@hotmail.com

La amplia sala estaba bordeada de largos candelabros que parecían arboles de hierro coronados de hojas llameantes, estos daban a la estancia un ambiente y una luz distintos a los que había visto y sentido en otras ocasiones allí mismo; una curiosa mezcla, no se como decirlo, de tenebrosidad, intimidad, sensualidad, y romanticismo. Estaba en medio de la sala, a cuatro patas, casi desnudo; tan solo me cubrían el cuerpo un collar de perro, una muñequeras de cuero que tenían una argolla cada una y una especie de tanga también de cuero que por delante tapaba y apretaba con fuerza mis testículos y por detrás una fina tirilla rodeaba mi cintura y otra se hundía entre mis nalgas, creándome una molesta sensación; sin duda la prenda era alguna talla más pequeña que la mía. "ELLA" estaba frente a mí, vestida con un sensual traje de noche negro del que destacaba un impresionante escote que dejaba al descubierto parte de sus bellos senos y en una de sus manos sujetaba una copa llena de champagne rosa de la que daba algún sorbo de vez en cuando saboreándolo con exquisita delicadeza.

Mi Ama había decidido que hoy celebraríamos una fiesta, una velada muy particular en la que los únicos participantes en ella seriamos solo nosotros dos, una fiesta en la que solo "ELLA" sabría lo que ocurriría, una velada por y para su disfrute personal. Mi Dueña se dio la vuelta y se dirigió hacia un sillón situado enfrente y pude contemplar lleno de admiración el enloquecedor escote que la llegaba justo al limite de sus nalgas mostrando toda su divina espalda; se acomodó en aquella especie de trono y me ordenó que me acercara, lo que hice de inmediato hasta situarme junto a sus pies, estos estaban más preciosos que nunca envueltos en aquellas sandalias de vertiginosos y finísimos tacones de aguja. "Adórame los pies esclavo", me ordenó, en un tono de clara satisfacción; sin dudar un instante comencé a besar suavemente aquellos dulces pies, acariciándolos con mis labios, muy despacio, como a "ELLA" le gustaba, aquello era para mi realizar todo un acto de fe, un acto lleno de religiosidad, por que "ELLA" era mi religión, la única y verdadera; luego continué lamiendo esos adorables pies, chupando sus perfectos dedos y siempre sin prisa y sin ansia, como mi Señora me había enseñado, con placer pero con respeto y devoción. Cuando mi Ama consideró que ya era suficiente cese en mi adoración y "ELLA" me dijo: "Te has portado muy bien y por eso te premiaré compartiendo mi bebida contigo, mi perrito" y mojó uno de sus dedos en el rosado y burbujeante liquido y me ordenó: "¡Chúpalo!", y yo lo tomé en mi boca con toda la dulzura y suavidad de la que era capaz, incluso de la que no era capaz; "ELLA" la más grande, la más perfecta, se brindaba generosa a compartir aquella exquisita bebida con este humilde e imperfecto esclavo. Estaba tan entusiasmado que continuaba chupando aún cuando no quedaba rastro de liquido, y es que poder saborear y venerar aquel dedo era algo tan indescriptible para mí que él liquido llegaba a ser algo secundario y "ELLA", por supuesto lo sabia, "Veo que tienes mucha sed querido, toma un poco más", dijo llena de sensualidad, mojando otro de sus dedos y así continuó hasta que me hizo chuparle y lamerle todos los dedos de sus sagradas manos. Cuando terminé mi Ama me dijo: "¿Te ha gustado mi siervo?", "Si mi Ama, muchas gracias", contesté lleno de felicidad y agradecimiento por su generosidad.

Luego "ELLA" me ordenó que tumbara boca arriba y coloco sus pies sobre mí, acariciándome el cuerpo con sus finos tacones y de vez en cuando me los clavaba en los pezones o en el ombligo y a continuación suavemente los retorcía al tiempo que me ordenaba: "No quiero oír ni un gemido, ahora te toca sufrir un poquito y aunque no hayas hecho nada malo sabes que no necesito excusa para torturarte" , y le daba otro sorbo a la copa que había vuelto a llenar, "Delicioso, ¿Verdad cariño?" y volvía a clavarme el tacón en el ombligo y lo giraba de un lado a otro, y yo solamente podía contestarla moviendo afirmativamente la cabeza mientras cerraba los ojos y apretaba los labios pues me estaba empezando a hacer daño de verdad, "¿Duele mi amor?" y volví a asentir con la cabeza, "Pues no es suficiente", me dijo, mientras sus ojos brillaban ardientemente y clavo el tacón en el tanga donde mi excitada polla hacia esfuerzos sobrehumanos por reventar la apretada prenda; el tacón empujaba con fuerza obligándome a relajar mi miembro a causa del fuerte dolor y yo volvía a cerrar los ojos presa del sufrimiento y a pesar de este la veía tan hermosa y tan perversa, y la rezaba en silencio desde lo más profundo de mi mente: "¡Oh mi Diosa!, es tan cruel y dulce tu amor, tan sádico y tierno tu cariño….."; "Ahora si es suficiente", dijo tajante cortando el castigo de raíz y añadió maliciosa: "De momento".

Me puse a cuatro patas nuevamente, como "ELLA" me mandó, y se sentó sobre mi espalda convirtiéndome en su trono y mientras daba otro sorbo a la copa me decía: "Me gustas mas como trono que el sillón, creo que serias un buen trono, ¿ A ti que te parece?", yo moví afirmativamente la cabeza y "ELLA", enojada, me pellizcó con todas sus ganas en las nalgas, "¿Para esto me molesto en educarte? ¿Para que luego no me contestes como es debido?"; avergonzado la suplique perdón y le dije: "Si mi Ama, seré un buen trono para usted". Aquello no fue suficiente para calmar su enfado, se levanto y se volvió a sentar en el sillón y me ordenó que me tumbara boca abajo sobre sus rodillas y me azotó en las nalgas con la palma de su mano, yo permanecía quieto y absolutamente callado, que solo se oyera el sonido de su palma restallar contra mi culo, apretando los dientes y los labios para contener el dolor y el ardor que de forma progresiva se iban apoderando de mis nalgas, desconozco el número de azotes a los que mi Dueña me sometió pero si fueron los suficientes para que aquellos instantes me parecieran eternos y a pesar de ello, aguanté, prometiéndome a mí mismo que no podía volver a fallar a mi Señora, que yo no podía estropearla su velada. Cuando finalizó el castigo volví a la cuadrúpeda postura con las nalgas enrojecidas de dolor y el rostro enrojecido de vergüenza, luego "ELLA" volvió a sentarse en mi espalda, "Llévame hasta la mesa, tengo hambre, y que no se vuelva a repetir una falta como esta, ni ninguna otra, pues no pienso ser tan suave en el castigo como ahora", "Si mi Ama", contesté temeroso pero convencido de que no se volvería a repetir ningún error más.

Sobre la mesa había varios platos con exquisitos manjares dispuestos para que "ELLA" los saboreara, pero antes de degustar aquellas "delicatessen" mi Dueña depositó un plato para perros en el suelo, "No me he olvidado de tu cena mi perrito", dijo sarcásticamente; unas patatas malamente hervidas era lo que me correspondía, "Gracias Ama", conteste agradecido por su generosidad y me dispuse a devorarlas sin ayuda de las manos, como un buen perro, a pesar de lo poco apetecibles que estaban. Mientras "ELLA" que ya estaba disfrutando de las delicias que había sobre la mesa me observaba satisfecha, disfrutando al ver como me humillaba comiendo aquella nada exquisita cena y la forma en que lo hacia, como un buen perro; a pesar de todo no dejé ni una sola migaja y mi Señora complaciente me dijo: "Te habrás quedado con hambre, así que seré buena contigo y podrás probar algo de lo que sobra, yo no quiero más" y arrojo un trozo sobre el suelo, "¡Cómetelo perrito!", decía mientras sonreía, yo me lancé sobre la deliciosa sobra y me la tragué, luego lanzó otra un poco más allá e hice lo mismo y volvió a repetir la operación varias veces riendo divertida, arrojando los trozos cada vez más lejos, recreándose en mi vejación; una vejación que soportaba feliz, dispuesto a tragarme mi orgullo por verla y oírla disfrutar, "Ven a por el último perrito", exclamo mientras se agachaba y extendía su mano derecha, yo me acerqué a su lado y comí el trozo depositado en la palma de su mano, "¡Buen chico!", exclamó complacida.

"Ahora me vas a llevar de paseo" y se volvió a sentar sobre mi espalda y empecé a caminar por la amplia sala mientras "ELLA" me azuzaba pellizcándome en las nalgas, "¡Mas deprisa caballito!", me ordenaba en un tono de clara satisfacción y yo hacia lo que podía por que me costaba apretar el paso, "¡He dicho más deprisa!", dijo enojada volviéndome a pellizcar esta vez mucho mas fuerte que antes y luego dándome varios azotes con la palma de su mano; a pesar de todo conseguía llevar un buen paso pero me notaba cada vez mas cansado y si mi Ama no me ordenaba parar pronto me derrumbaría, afortunadamente para mí "ELLA" dio la orden que tanto esperaba: "¡Párate aquí!", lo que hice lleno de alivio. Estabamos de nuevo junto al sillón, mi Dueña se sentó en él y yo me tumbe boca abajo ante "ELLA", que colocó sus pies sobre mí para usarme de reposapiés; mi Señora me contemplaba mientras yo respiraba jadeante a causa del esfuerzo, "Te veo un poco flojo, creo que he descuidado algo tu forma física últimamente, pero no te preocupes querido a partir de mañana te impondré un buen paseo a diario, te sentara bien ¿Verdad mi esclavo?", "Si Ama", contesté entrecortadamente mientras notaba como uno de sus tacones me acariciaba la cara.

Permanecimos en aquella situación durante algún tiempo que terminó en el momento en que "ELLA" se levantó del sillón y exclamó entusiasta: "A esta fiesta todavía le falta algo, un poco de música", tomó el mando a distancia y conectó el equipo de música de donde comenzó a sonar una sensual melodía, "Levántate y acércate a mí esclavo", me ordenó y yo obedecí al instante, luego tomo mis brazos y me los colocó a la espalda y con una cadena enganchó las argollas de las muñequeras que tenía en mis brazos, me rodeo con los suyos y me dijo: "Bailemos juntos mi dulce sumiso"; y así quedé, con mis brazos inmovilizados y el resto de mi cuerpo casi igualmente, dejándome llevar por "ELLA" que tenia todo el control y toda la iniciativa, "En este baile tus manos no podrán tocarme ni tus brazos rodearme, en cambio mis manos y mis brazos podrán tocar y rodear lo que es mío, lo que me pertenece que eres tú ¿O no es cierto mi esclavo?", me dijo altiva y orgullosa y yo humilde y feliz la conteste: "Si ama, así es y así será siempre", y apretó mi cuerpo contra el suyo.

Bailábamos lenta y parsimoniosamente, yo reposaba mi cabeza en su hombro y "ELLA" me sujetaba con una mano por mi trasero y con la otra por mi espalda y de vez en cuando me clavaba con fuerza sus uñas y luego me arañaba con tanta intensidad que yo sentía como aquellos diez pequeños puñales se hundían en mi piel produciéndome una extraña sensación de felicidad, me gustaba sentirme usado y utilizado por "ELLA" para lo que quisiera, era tan dichoso en esa situación, torturado por sus uñas y al tiempo protegido por sus brazos, era todo tan contradictorio, tan lejos de la lógica que comúnmente empleaba la mayoría de la gente, tan distinto a todo y a pesar de ello que importaba, mi Ama era feliz, yo era feliz, era su fiesta, nuestra fiesta; todo lo demás era una pura banalidad, carente de verdadero sentido, al menos para nosotros. En un momento dado "ELLA" me pinzó los pezones con sus uñas y las comenzó a clavar muy lentamente y al tiempo me los retorcía también muy despacio, de una forma lenta pero inexorable y antes de que yo pudiera emitir quejido o gemido alguno lo ahogo besándome apasionadamente en la boca, teniéndome así hasta que quiso; yo me sentía borracho de dolor y de placer, totalmente entregado y vencido, esclavo de su voluntad y de sus caprichos, por muy crueles que estos fueran, en mi cabeza solo había una idea: "Lo que sea solo por "ELLA", por su gozo, por su placer, por su felicidad"; cuando soltó sus uñas de mis doloridos pezones estos seguían ardiendo y mi Diosa me volvió a apretar fuertemente contra su cuerpo, tan fuerte y con tanta pasión que casi me corta la respiración; me sentía tan unido a "ELLA" que parecía que no éramos dos personas sino una sola, estabamos casi fundidos el uno con el otro, éramos dos cuerpos, dos mentes en una perfecta sincronía, o tal vez un solo cuerpo y una sola mente la de "ELLA" dominándolo todo.

"ELLA" me miró fijamente a los ojos y me preguntó: "¿Quién eres?", yo contesté: "Un esclavo", "¿Y de quien eres esclavo?", me volvió a preguntar, "Tuyo mi Ama", le respondí dichoso, luego "ELLA" añadió: "¿Y para que has nacido?", sumisamente la contesté de nuevo: "Para amarte y para obedecerte mi Diosa"; y sonrió entre dulce y perversa sin dejar de apartar sus ojos de los míos; yo me perdí en aquella mirada de Circe hechicera y arrebatadora, y entre sus brazos fui conducido al más cruel, dulce y placentero de los olimpos, a un lugar de donde jamas podría escapar, a un lugar de donde jamas querré escapar.

martes, marzo 13, 2007

LA CONFIDENTE 2ª PARTE















































































































































































































































































































































































Lo que vio ante sí era una mujer de mediana estatura, ligeramente maquillada y que esbozaba una sincera sonrisa por la alegría del encuentro. Llevaba puesto un pantalón vaquero azul no muy oscuro que le sentaba muy bien. Una blusa suelta de color claro continuaba al pantalón. Algunos botones por la parte superior y otros por la inferior no estaban debidamente cerrados. Asomaba un ápice de su ombligo y se dejaba entrever el nacimiento de sus pechos.

Para los ojos del sumiso, ella estaba informalmente sexy. Para evitar ser muy descarado, miró al calzado de ella cuando, después de invitarlo a pasar, la seguía dócilmente al salón de la casa.
-Quizás te extrañe, pero en casa suelo llevar siempre calcetines o estar descalza. Me encanta el contacto con el mármol frío.

¿Fue casualidad?, ¿o le habría adivinado el pensamiento? Recuerda. Tú mismo le habías dicho en una o dos ocasiones que de las primeras cosas que mirabas en una mujer era su calzado. Ella ya sabía que te estabas fijando en lo que cubrían sus pies. Eran unos calcetines de lana color celeste. La tenue luz natural proveniente del atardecer resaltaba el color claro de su piel. No sé en qué momento se dio cuenta de sus ojos. Quizás fuese mientras le invitaba a sentarse en el sofá de cuero que protagonizaba la estancia. Eran ojos de un color indescriptible; te penetraban o quemaban a la sazón. Eran unos ojos intimidadores. Eran bellos, aunque él no supiera porqué. Eran como imanes que atraían sus ojos hacia los de ella. Y aunque él era muy tímido, tenía que hacer denodados esfuerzos para no quedarse sensualmente hipnotizado por aquellos ojos.

-¿Cómo te gusta el café?, preguntó resuelta ella.

- fuerte y corto... aah, y con mucha azúcar, acertó él a responder, agradecido por la pausa en la lucha de miradas.

Bueno. Ahí estaba él. Y en la cocina, preparando el café, estaba ella. No pudo por menos que sonreirse al pensar que después de todo lo que él había fantaseado sobre ella, sus atuendos y su casa, lo más parecido al BDSM era el sofá de cuero. Pero, para colmo, era de color marfil. Pero tú sabías que nada iba a pasar. Sí, lo soñaste. Lo deseaste. Incluso llegaste a engañarte a ti mismo. Pero, en el fondo, sabes que todo es fruto de tu frustración sumisa. Es fruto de la cantidad de años transcurrida, ya no sabes ni cuántos, sin parar de soñar con ser un esclavo, un siervo, un perro... Toda esa frustración te está pasando factura; y deseas ver escenas de ama-sumiso hasta en los conventos de las monjas clarisas. Cíñete a la cruda realidad del hoy. Esa mujer que está preparando el café es sólo tu confidente. Es aquella persona, para bien o para mal, a la que osaste contarle una vez alguna de tus intimidades y gustos sexuales. Ella, a pesar de tus gustos "raros", te toleró, te escuchó... Y en más de una ocasión, aun sin ella proponérselo, consoló también tu alma triste y perdida. Y, por fin, no te engañes, ella sació, sin saberlo, tus más íntimos deseos. Dio vida a una ama para llenar tu sumisión vacía de realidades.

- me alegra mucho que podamos tener un tiempo donde hablar de "nuestras cosas", sin tener que estar aporreando un teclado. Es tan frío...- decía mientras ubicaba las tazas sobre la mesa.

A él le pareció que "nuestras cosas" sonaba con cierto retintín. Y seguramente estaba en lo cierto. Porque hasta ese momento, de "esas cosas" sólo había hablado él. Ella, las pocas veces que hablaba de su sexualidad, denotaba que era una vainilla, y a mucha honra. Sí, le gustaba cierta lencería próxima a la D/s, como el látex y el cuero; le gustaban ciertos complementos típicamente fetichistas, como las botas o prendas con imitación de piel de leopardo, tigre o cebra. Pero por lo que él sabía, hasta ahí llegaban los secretos sexuales de ella.

Ella no se sentía para nada segura de sí. Mientras observaba al hombre remover el azúcar del café, aún se preguntaba si habría hecho bien invitándole a su casa. Una cosa era chatear, y hablar sobre todos los temas, incluido el sexo, y otro bien distinto era hacerlo frente a frente, a solas. Porque en alguna ocasión se vieron y hablaron, pero siempre dentro de un grupo de amigos o familiares. Jamás hasta hoy habían estado solos cara a cara. Pensará él que esté intentando ligármelo. No, él ya sabe que mi marido lo es todo para mí, que lo compartimos todo, incluido los secretos (bueno.., casi todos los secretos). Seguro que sabrá mantener su compostura. A pesar de sus gustos, estoy segura que es un hombre recto, serio y bueno. Es curioso como pueden convivir al mismo tiempo en un hombre el deseo de justicia, bondad, igualdad, así como un odio beligerante hacia la violencia, la tortura, el maltrato y las vejaciones, junto con un deseo de ser humillado, vejado y esclavizado por una mujer. Eso fue lo que más me impresionó de todo. Yo, que jamás había pasado de la sota, caballo y rey en el campo de la sexualidad, va éste y me descubre nuevos mundos, nuevos placeres y nuevas sensaciones para mí inimaginables.

- ¿Has leído algo de mi blog?

- Sólo un poco, mintió ella.

Claro que lo había leído. De arriba a abajo y de abajo a arriba. Al principio fue simple curiosidad. La curiosidad dio paso al deseo irrefrenable de poder adentrarse en las intimidades de un hombre que no fuese su marido. La curiosidad cedió el sitio a la compasión hacia aquel hombre que sufría muchas veces por sentir aquellas formas de ver el sexo. Finalmente, la comprensión de ciertos casos de dominación femenina, le indujeron a pensar que, quizás con el transcurrir del tiempo, podría poner en práctica con su marido alguna de las escenas soñadas o fantaseadas por aquel hombre frágil que tenía frente a sí. Pero, también, en el fondo de su alma, sabía que algo de ama tenía. Sabía que el dominar a alguien determinado le producía cierto hormigueo placentero en la piel. Y en ese momento, después de comerse todo un blog sobre la sumisión masculina, cayó en la cuenta de lo que le producía aquella pequeña punzada de placer. Fue como una aparición mariana. Lo vio reflejado en su mente, y así lo soltó.

- De lo poco que he leído y visto en las fotos de tu blog, ya que no te tenido mucho tiempo, lo que más me ha sorprendido, y quizás gustado, ha sido la dominación femenina...

A él se le abrieron los ojos como argollas de barcos. Ya se imaginaba arrodillado ante ella rogándole dejarle besar sus calcetines.

-... sobre la mujer.

El mundo cayó de golpe. Casi se va al suelo de la lipotimia que le entró. Cayeron todas sus fantasías con ella. Aquellas escenas donde ella aparecía como una amazona y le montaba a él con fusta en mano. Aquellas escenas donde ella, cuan diosa del olimpo, se sentaba en un trono permitiéndole a su esclavo (él logicamente) que lavara cuidadosamente sus pies. Desaparecieron aquellas escenas donde ella, ataviada con un conjunto de cuero negro y botas negras de puntiagudo tacón que le llegaban hasta el muslo, le ordenaba besarlas, adorarlas, lamerle sus suelas. Y él, en señal de agradecimiento, le besaba su mano y le imploraba que lo usara como su esclavo y sirviente eterno.

(CONTINUARÁ)

lunes, marzo 12, 2007

LA CONFIDENTE 1ª PARTE



































































































































































































































































































-Pásate por mi casa esta tarde para tomar ese café que tenemos pendiente, le dijo por teléfono.

Desde ese preciso instante, él se convirtió en un manojo de nervios, en una tetera a punto de ebullición. Habían chateado alguna vez, y él, en un ataque de sinceridad y liberación, le había ido confesando a ella algunas de sus fantasías sexuales más íntimas. Aquellas que nunca había revelado a nadie, y que, honestamente, jamás pensó en ni siquiera insinuar. Y menos a una mujer. Pero lo hecho, hecho estaba.

Aunque había fantaseado con ella en sus sueños de sumisión y esclavitud, sabía honestamente que esa mujer no era una dómina. Ella lo había dejado claro en el chat. Y en las escasas veces que se vieron antes de ese café, él sabía que, a priori, ella no reunía las características y aptitudes personales de una dómina. Aunque pueden existir sorpresas, hay cosas que un sumiso capta perféctamente para saber si una mujer es una dominatrix, o puede llegar a serlo con el tiempo, o bien si es una vainilla. En este caso, quizás fuese una mujer que jugase al rol de ama como un entretenimiento o como una trivialidad para salirse puntualmente de la sexualidad convencional. Pero siempre lo haría sin la naturalidad, la pasión y el disfrute con que lo haría un ama de nacimiento, por así decirlo.

Aun con todo, él se sentía muy nervioso ante el encuentro. Pero esos nervios no eran los típicos de un sumiso ante la primera sesión con un ama. Provenían de su vulnerabilidad ante ella. Esa mujer sabía de sus secretos; y cuando alguien sabe algún secreto tuyo, tiene de por sí una ventaja sobre ti. En cierto modo, tiene una superioridad sobre ti. Y ese simple hecho le atemorizaba y le excitaba al mismo tiempo.

Él sabía que ella no le iba a recibir con un corpiño de cuero, botas altas, y con unas medias negras entre aquéllas y sus piernas. Pero era consciente de que ella sabía que con un simple movimiento de su pie con un zapato que fuera de su agrado, era suficiente para sacudir toda su sexualidad masculina. Este hombre conocía sus límites fruto de su timidez, y sabía que jamás le propondría a ella una corta sesión de sumisión; y mucho menos, se atrevería ni siquiera a tocarla: él era un caballero, y sabría mantener en todo momento su discreta y disimulada sumisión ante aquella mujer.

Esa misma mujer, guardiana de sus secretos más íntimos, merecía todos sus respetos y su cariño. Era una fémina agradable, de fluida conversación, y con una visión de la sexualidad bastante tolerante. Por fuera, quizás no tuviese ella el prototipo del ama que él siempre soñó. No obstante, Dios la había poseído de un cuerpo bello, una voz muy sensual y aterciopelada, y un estilo al caminar que desprende erotismo y poder a cada paso que da. De melena corta morena, tenía una mirada cariñosa, pero agresiva al mismo tiempo. Era de esas mujeres que con sólo mirarte sensualmente a los ojos, terminas derritiéndote ante ella. Poseía esa seguridad que tienen sólo las mujeres que se saben atractivas, aunque no presuman de ello.

En todas estas cosas, y muchas más, iba pensando él cuando el ascensor se detuvo en la planta del edificio donde ella residía.

Con el corazón a punto de reventar, y más ganas que otra cosa que darse media vuelta y largarse, atravesó el largo recorrido entre el ascensor y su puerta. A pesar de la estación en que nos encontrábamos, un ligero sudor brotaba de su piel. Pulsó titubeante el interruptor de su puerta. Mientras el silencio envolvía el eco del timbre, cayó en la cuenta de que ella estaba casada, y bien casada. Era una mujer feliz con su esposo y no necesitaba de aventuras extras para sobrellevar su matrimonio. Su pareja estaba en viaje de negocios. Ella se lo había dicho. Iban a tomar café y, seguramente, saldría a relucir el tema de sus fantasías. Por tanto, no cabía la presencia de otro hombre en aquel lugar. En aquel lugar que, a la postre, iba a convertirse en un confesionario sexual.
El movimiento de apertura del cerrojo le sacó abruptamente de sus pensamientos. Y allí estaba ella.


(CONTINUARÁ)




jueves, marzo 08, 2007

UN ÁLBUM DE FOTOS DE MI AMA PREFERIDA



































































































































































































































































AUNQUE YA LA HE MENCIONADO ANTERIORMENTE, ME APETECE EXPONER ALGUNAS DE LAS FOTOS QUE TENGO EN MIS ARCHIVOS DE MI AMA PREFERIDA. NO ES OTRA QUE MISS CHAMBERS. INGLESA DE MANCHESTER. PARECE SER QUE AHORA HA ABANDONADO DE UNA MANERA PROVISIONAL LA ESCENA BRITÁNICA, Y ESTÁ RESIDIENDO EN BARCELONA. DESCONOZCO SI RESIDE EN LA CIUDAD CONDAL COMO DÓMINA PROFESIONAL O BIEN EN RELACIÓN A UN TRABAJO CONVENCIONAL.

DESDE QUE LA VI POR PRIMERA VEZ EN FOTOS ME ENAMORÉ DE ELLA COMO SUMISO, PROPIAMENTE HABLANDO. ESE PELO MORENO, ESA FIGURA ESCULTURAL; ESA PIEL BLANQUECINA PROPIA DE LOS ANGLOSAJONES, PERO QUE HACEN DESTACAR EN ELLA LAS PRENDAS DE NEGRO QUE SUELE LLEVAR, Y QUE SON MUCHAS; ESA MIRADA PENETRANTE, Y ESA NARIZ RESPINGONA QUE LA OTORGAN UN ENCANTO ESPECIAL. PRACTICA CASI TODAS LAS FACETAS DE LA DOMINACIÓN. UUUMMM, ME FASCINA COMO MISTRESS, DÓMINA O DOMINATRIX. DA IGUAL, DE CUALQUIER MANERA, PARA MI ESPÍRITU SUMISO, MISTRESS CHAMBERS (DE NOMBRE DEBORAH) ES EL PROTOTIPO DE MUJER SENSUALMENTE DOMINANTE Y BELLA. UN AMA EN TODA REGLA.

MISTRESS CHAMBERS COMENZÓ SIENDO CONOCIDA EN EL ÁMBITO BDSM POR SUS APARICIONES EN LAS PELÍCULAS Y REVISTAS DE LA CASA BRITÁNICA "CRUELLA". POR CIERTO, LA REVISTA CRUELLA SIEMPRE ME TRAE GRATOS RECUERDOS, YA QUE FUE LA PRIMERA REVISTA DE DOMINACIÓN FEMENINA QUE PUDE CONTEMPLAR. FUE EN INGLATERRA, EN MI PRIMERA VISITA A LONDRES. EN CONCRETO, LOCALICÉ ESA REVISTA Y OTRAS DE LA MISMA TEMÁTICA EN UN KIOSKILLO DE REVISTAS EN UN BULEVAR DE LA ESTACIÓN VICTORIA. DENTRO DEL KIOSKILLO HABÍA UNA PEQUEÑA ZONA SEPARADA POR UNA CORTINA. Y ALLÍ, SIEMPRE DENTRO DE UN MUY REDUCIDO ESPACIO, ESTABAN LAS REVISTAS PORNOS, AUNQUE CON UNA GAMA MUY AMPLIA DEL APARTADO BDSM, Y DENTRO DE ÉSTE, EL FEMDOM (FEMALE DOMINATION- DOMINACIÓN FEMENINA).

POSEE GRUPOS DE FOROFOS Y ADMIRADORES EN YAHOO, DE LOS CUALES SOY MIEMBRO, PERO COMO SON EN IDIOMA INGLÉS, PUES TAMPOCO ES QUE ME PRODIGUE EN LEER LAS COSAS QUE ALLÍ SE CUENTAN. FOTOS TENGO MUCHAS. EXPONDRÉ ALGUNAS EN LAS QUE APARECE ATAVIADA DE DOMINATRIX O EN ESCENAS DE DOMINACIÓN CON ALGÚN ESCLAVO. ESPERO QUE LOS SUMISOS DISFRUTEN CON ESTAS FOTOS TANTO COMO YO HE DISFRUTADO, Y DISFRUTO AUN.

martes, marzo 06, 2007

UN CABALLO PARA LAS DAMAS


















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































EN ESPERA DE QUE PREPARE MI PRIMER PROPIO RELATO, EXPONGO ÉSTE SACADO DE LA RED. ES UNA MUESTRA MÁS DE MIS PREFERENCIAS DENTRO DEL BDSM Y, Y MÁS CONCRETAMENTE EN EL MUNDO DE LA DOMINACIÓN-SUMISIÓN. SE TRATA DEL PONYBOY O MONTAR A CABALLO AL SUMISO, BIEN SEA A PELO O CON MONTURA EN




UN CABALLO PARA LAS MUJERES



Sin saber exactamente cómo, ni porqué, me desperté un poco atontado. Lo último que recordaba de anoche era que una joven y hermosa mujer, delgada, de estatura mediana, blanca, de ojos y cabellos negros, se me había acercado en el bar y me brindó una bebida. Luego de eso no hay más nada en mi cabeza hasta ahora que me despierto. Me encuentro tirado sobre un montón de paja, las paredes del lugar son de madera, puedo ver a mi lado derecho, en el piso y pegado a la pared, lo que parece ser un comedero. Delante de mi se encuentra una puerta un poco ancha pero chica, si acaso de un metro de altura, y sobre la cual entran los rayos del día. Traté de ponerme de pie pero un tirón de mi cuello me llevo nuevamente hasta el suelo, estaba amarrado por el cuello a una argolla que se encontraba en la misma pared en la cual estaba el comedero. Pude percatarme también que no tenía nada puesto más que calzón negro. Por lo demás, no tenía ni medias, ni zapatos; nada. El comedero estaba dividido en dos secciones: la una tenía agua, y la otra lo que parecía ser avena. Empecé a llamar a gritos a cualquiera que me escuchara pero nadie venía. Luego de casi una hora de estar en esto, el hambre se empezó a hacer más fuerte, por lo que decidí probar un poco de la avena que había en el comedero. Todo esto tenía que hacerlo a cuatro patas ya que el comedero estaba en el suelo y además era lo que me permitía la soga que me amarraba del cuello.

Luego de un rato pude vislumbrar dos siluetas que se acercaron a la puertilla del lugar donde me encontraba. Dado que el sol entraba por allí, no podía ver claramente quienes eran, pero por la silueta pude ver que eran dos mujeres, una de las cuales traía puesto un sombrero vaquero. La puerta se abrió y ambas entraron, ya dentro las pude ver mejor. Una era una mujer alta, rubia y de ojos claros. La del sombrero vaquero era la chica con la que había platicado la noche anterior. Ambas estaban de pie frente a mí vestidas con jeans, unas botas y camisa de cuadros. Sin dudarlo les dije que me soltaran y que pagarían por esto. Inmediatamente después de mis palabras, la rubia me dio una cachetada con mucha fuerza y me gritó que me callara. Literalmente dijo: "Cállate! aquí no tienes ningún derecho, aquí solo eres un animal!" Al tratar de responderle me dio una patada en el pecho que me hizo tumbarme a sus pies. Continuó diciendo: "Aquí eres solo un animal, un caballo, y como tal serás amaestrado. Te dejarás montar por cualquier mujer de las que estamos en este establo de entrenamiento". A lo que yo le contesté: "Cómo? Qué es lo que les sucede a ustedes?!" Seguidamente a mis palabras hubo otra patada dirigida esta vez a mi cara. Esta me estremeció más aún, dejo mi nariz sangrando. La rubia dijo: "Cállate!, los caballos no hablan. En adelante contestarás sólo sí o no con un movimiento de tu cabeza, entendiste??" Con tal de no recibir otra patada no me quedó más opción que hacer un gesto de afirmación con mi cabeza. "Así me gusta" dijo la rubia, y continuó al tiempo que me tiró una pequeña toalla "toma, límpiate la nariz con esto, ya que te van a ensillar para empezar tu entrenamiento. Mónica se encargará de eso". Y diciendo aquello, la rubia dio media vuelta y se marchó dejando la puerta de mi establo abierta.

Mientras, Mónica se dirigió al lado izquierdo de mi establo donde había una silla de montar que allí se encontraba y de la cual yo no me había percatado antes. Yo estaba en cuatro patas. Tomó una especie de riendas que también habían allí y se acercó a mí. Mientras me las iba poniendo en la cabeza me dijo: "Esto es un negocio, probablemente cuando estés listo serás vendido a alguna clienta, mientras tanto confórmate con saber que ahora eres nuestro caballo y como tal serás entrenado, montado y cabalgado." Al tiempo me iba instalando el sistema de las riendas que cubrían la parte superior e inferior de mi boca, lo que no me dejaba abrirla del todo. Luego, como en las riendas de los caballos, la mía empezaba a un lado de mi boca, pasaba por detrás de mí, a mi espalda dónde iban a ser manejadas y terminaba en el otro extremo de mi boca. Yo no podía creer que me encontraba en esta situación, siendo arreglado para ser montado por una jineta como si yo fuera un caballo. Luego, tomó la silla de montar la cual tenía tenia sus estribos igual a la silla de los caballos y pude sentir el olor a cuero de la misma cuando me la fue acercando. Posteriormente dejó caer la silla sobre la parte inferior de mi espalda. La misma se amoldaba a la forma de esta área de mi espalda. Ella se agachó y amarró las correas de la silla por debajo mío, en mi abdomen. Mónica se volvió a poner de pié, soltó la soga que me ataba el cuello y me dijo: "Ya estás listo para ser montado". Debo admitir que la mujer era bella, estaba de pie frente a mí vestida con sus botas chocolates, jeans azul y camisa de cuadros. Un sombrero de vaquera y su cabello negro suelto, mirando hacia abajo, a mí, tenía un aire de superioridad.

Prosiguió: "lo primero que debes aprender es que cada vez que una jineta te vaya a montar, la misma se parará enfrente de ti, así como estoy yo en este momento, y tú deberás agacharte a sus pies y besárselos, esto lo harás como muestra de tu sumisión y obediencia, cada vez que te vayan a montar. Si te montan 100 veces en el día, las 100 veces deberás agacharte y besarle los pies a tu jineta. Entendiste?" A mí no me quedaba más remedio que aceptar aquello, así que hice un gesto de afirmación con mi cabeza. Ella dijo entonces: "bueno, qué esperas?". Ya sabía lo que quería que hiciera. Yo, sintiéndome totalmente humillado me fui inclinando lentamente hasta llegar a sus pies. Estando allí acerqué mis labios y le besé las botas una vez cada una. La humillación era terrible. Ella dijo entonces: "muy bien", y habiéndolo dicho caminó hacía uno de mis costados, se detuvo y pasó una de sus piernas por encima de mi espalda. Estando ya allí, se dejó caer sentada sobre mi espalda. La misma se me dobló un poco con su peso. Luego estuvo acomodándose un poco, se levantaba un poquito y se volvía a dejar caer dando como saltitos, como probando la amortiguación de mi espalda para que la misma se hundiera un poco y poder ella estar más cómoda sobre mí. Y en efecto me dijo: "encorva un poco más la espalda, húndela más." Tuve que hacerlo.

Esto era para mí algo inaudito y extremadamente humillante. Tenía montada sobre mí a una mujer que, además de que me iba a cabalgar, me exigía tener doblada mi espalda, lo que era doloroso, sólo para que sus nalgas estuvieran más cómodas sobre mí. Luego de hacerlo, y de que ya estuvo cómoda, metió una de sus botas en el estribo de mi lado izquierdo, y luego acomodó la otra en el estribo del lado derecho. Ya estaba completamente sentada sobre mí, todo su peso era soportado por mi cuerpo. Luego dio un pequeño salto más para terminar de acomodarse bien, y tomó las riendas templando un poco mi cabeza haciéndome mirar hacia el frente. Entonces ordenó: "Muy bien, camina!" al tiempo que sacudió las riendas. Así que lentamente di mi primer paso con ella encima. Ibamos hacia fuera del establo.

RSOLO

(Mi historia como caballo no terminó aquí, apenas empezaba. Continuará)rsolo07@hotmail.com

EL SIRVIENTE































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































ESTE TIPO DE RELATOS ME APASIONAN PORQUE MUESTRAN DE ALGUNA MANERA UN GRADO PARECIDO EN CANTIDAD Y CALIDAD DE SUMISIÓN A LA QUE YO SIENTO. PARA MUCHOS SERÁN UN POCO LIGHTS, PERO SON LOS QUE MÁS ME ATRAEN. NORMALMENTE VAN DESPROVISTOS DE VIOLENCIA, DOLOR FÍSICO Y DE SEXO AL MÁS PURO ESTILO TRADICIONAL. NO EXISTE COITO, PERO SÍ MASTURBACIÓN ANTE LA DUEÑA O SEÑORA.

EL SIRVIENTE

Traté de dejar todo bien limpio, su cama tendida , sus zapatos en el armario, su ropa nueva colgada y la sucia en la lavadora. Su ropa interior, la he lavado cuidadosamente, admirando sus tangas de fino encaje en varios colores y su olor de mujer sensual. En el salón, MI AMA lee sus papeles, lleva sus notas y no me ha interrumpido. Pienso que es el momento de regresar a su presencia. Camino a la sala y la veo inmersa en unos papeles, se ha puesto unos lentes que le dan un aire intelectual, suma y anota constantemente, y na con aire de crítica y se da cuenta que espero de rodillas, con mis manos en la espalda, la cabeza agachada, a que se digne dirigirse a mí. Toma los lentes en la mano, juega con ellos un poco llevándolos a la boca, mientras me dice:- ¿Terminaste, Esclavo?
- Sí MI AMA, cumplí su orden..
- Eso, lo veremos...levántate, y espérame en la habitación, veré qué hiciste.
Me incorporo mientras me siento observado con frialdad y me dirijo a esperar la revisión de mi Ama. Llega al poco rato, caminando lentamente, los lentes en las manos y un cierto aire inquisitorio, mientras observa lentamente cada rincón del cuarto. .
Espérame en el baño, completamente desnudo, y te acuestas boca abajo en el piso de la bañera... me dice después de unos minutos de observación detallada.Algo no le ha gustado, pienso con cierto temor, mientras me dirijo al baño, y obedezco sus órdenes. La escucho dando vueltas , se toma su tiempo, siento frío con mi pecho, mi miembro y mi cara pegados al piso, y después de unos minutos aparece. Se ha recogido el pelo con una cinta, ya no lleva el vestido, esta completamente desnuda, a excepción de unas braguitas tipo tanga. Lleva en una mano uno de sus pantis.
- Esclavo, vas a recibir una lección, te estoy encargando mi cuarto, mi baño y mi ropa y debes saber que ese es un honor que debes apreciar.- Estas medias las encontré en el closet, sucias, chúpalas siervo... luego las lavarás.
- No veo mis zapatillas cerca de la cama....otro error
- Mis zapatos no están relucientes...
- Ponte boca arriba en el suelo, con los pantis bien metidos en tu boca y observa
Se baja las braguitas, tiene un bello coño, rasurado, por los costados y sólo unos pelos rubios en la parte superior. Abre sus piernas cada una a un costado y entonces siento su líquido caliente proveniente de su sexo, bañándome todo el cuerpo, de la cara hacia abajo. Me mira mientras lo hace, en su cara refleja la satisfacción del dominio total y la humillación infligida. Recorre mi cuerpo de arriba hacia abajo, mientras me observa, y el calorcito lo siento agradable y excitante, además del panorama de mi Ama expuesta, hacen que mi miembro se endurezca, no obstante la humillación de haber sido bañado con sus orines me invade. Al terminar, me quita sus panties de la boca,.se sienta sobre mi cara y me ordena:
- Límpiame bien, Esclavo, espero que esa lengua te sirva para algo.
No esperaba este premio después del castigo, y agradecido chupo sus labios, subo al clítoris, metiendo luego mi lengua alternativamente, hasta absorber su humedad. Está excitada, mojada y se retuerce de pacer... Mi miembro se levanta otra vez, agradecido...Al ver mi reacción, se levanta, se sube las braguitas, abre la llave de la ducha, y sustituye el calorcito de su líquido por agua fría, que me cae en un torrente. Me ha castigado y premiado en unos breves momentos, es incomprensible, pero excitante y maravillosa.
Ahora, te levantas, me lavas los panties, los pones a secar en el lavadero,te pones tu collar de esclavo, y me preparas la comida.Quiero espaguettis es salsa, en una porción grande.. , y jugo natural de naranja. Me traes pan en rebanadas, fresco, no duro, ¿entendiste? Y lo quiero servido en la mesa dentro de 35 minutos, mientras me cambio.
Despues de lavar sus pantis y preparar la comida que me habia ordenado MI AMA, tapo todo con una cubierta de vidrio, para guardar el calor. Escucho una palmada de MI AMA proveniente del baño, y me dirijo hacia allí, MI DUEÑA me llama..
Se encuentra en la ducha, y desde allí me grita:
- Toalla, Esclavo...
Corro con ella en las manos, me acerco y la veo totalmente desnuda, su piel con pecas tiene varios tonos, dorados por la exposición del sol. La seco mientras me observa muy seria, se envuelve en la toalla y me ordena:
- Me colocas una falda larga, con abertura a los costados sobre la cama, y una blusa corta, blanca...búscalas bien..debes conocer todo en mi armario..es tu deber, Esclavo. Y mis sandalias de tacón alto, abiertas adelante, las pones en el suelo. Una vez que tengas todo listo en la cama, me esperas arrodillado, al pie de mi tocador por si te necesito mientras me maquillo...Corre...! me dice dando otra palmada.
Se queda un rato en el baño, cepillándose el pelo y perfumándose mientras yo cumplo sus órdenes yendo del armario a la cama. Tardo un poco por los nervios, hasta que encuentro lo que me pidió, espero que sea según sus deseos. No quiero enojarla. Me estoy empezando a arrodillar, cuando viene del baño y se sienta frente al tocador. Mira sus cosas sobre la cama y parece satisfecha. No me atrevo a observarla, miro a sus pies como es su orden, pero de reojo siento que busca en los cajones hasta encontrar su lápiz labial, y algo de rimmel para los ojos. Parece olvidarse de mi presencia por un rato mientras se concentra en su rostro.Al rato, se dirige hacia mí:
- Anda al baño, búscame el cepillo del pelo.
Al levantarme, observa que aún llevo el collar de esclavo y me llama:
- Ven acá, Esclavo...quítate ese collar, no debes estar vestido en mi alcoba, ¿es que no lo sabes?, ¿quieres que te castigue de nuevo?.
Me quito el collar de esclavo y busco el cepillo en el baño. Lo llevo, y me arrodillo mientras se retoca el cabello.
Al verme, me dice:
- Visteme, siervo!!.
Está lista, desnuda, maquillada y peinada...muy bella y fresca, con el olor de su colonia sutil y femenino,.
- Quítame la toalla, dice dando una palmada sacándome de mi encanto.
Me levanto y la desvisto, con cuidado de no tocarla demasiado.
- La falda, primero.
Se la llevo y la abro mientras va metiendo sus bellas piernas y se la ayudo a subir hasta la cintura.
- Los botones..Esclavo..¡con cuidado..!
Los cierro por atrás
- ¡Blusa!
La recojo de la cama y se la ayudo a pasar sin sostén sobre su cabeza, dejándome unos segundos para admirar sus bellos senos. Le llega hasta un poco más arriba de la cintura, dejando el ombligo al descubierto. La falda, tallada arriba, se abre abajo, y al moverse permite observar sus piernas casi hasta el comienzo de los muslos. Se sienta en la cama y me pide.
- Ahora, las sandalias, apúrate, ..aquí.
Se las llevo y me arrodillo mientras me ofrece su pie derecho.Las coloco, cierro las hebillas, y escucho su voz:
- Quítamelas otra vez, quiero calentar mis dedos en tu lengua...chúpamelos empezando por el pie derecho..
Es un premio para mí...me encantan sus deditos, y lo hago con mucha dedicación, sintiendo excitación...mi miembro se endurece y gotea. Ella lo sabe, aunque yo no se lo demuestre, creo que me conoce bien. Paso de un pie a otro, hasta que se siente satisfecha,:
- ¡Basta! Corre al comedor, quiero todo listo, ¡ya!
Termino de anudarle otra vez las sandalias y llego al comedor, quito la tapa de la comida, acomodo su silla y siento que se acerca. Retiro y coloco su silla en el sitio, y corro a arrodillarme a sus pies.
- Tírate en el suelo, a mis pies, ... te lo has ganado, seré buena contigo...puedes ser virme para poner mis pies sobre tu cuerpo, y asi poder descalzarme mientras como.
Me tumbo, boca abajo, pero no es lo que desea MI AMA..
- Acostado, tírate boca arriba, porque vas a ser mi alfombra mientras como..aquí,,,bajo la mesa...Esclavo..!
Entiendo. Me acuesto a sus pies, un poco incómodo por la mesa, y siento entonces sus sandalias pisándome el pecho y el estómago, mientras observo desde allí, sus piernas entreabiertas, y su sexo expuesto, moviéndose al compás de su forma de comer. Es una forma doble de tortura, ella lo sabe y lo disfruta además... Come lentamente, cuidadosamente, moviendo a veces sus piernas con descuido, sabiendo que su esclavo la observa en esa posición, humillante ,ridícula.. Al rato, baja los pies y me ordena:
- Quitame las sandalias, siervo ..
Me ladeo desabrocho sus sandalias para quitarlas y observo que ha colocado comida entre sus piernas, abriéndolas por el espacio que permite la abertura de la falda, que es bien abierta, un espaguetti y un pedazo de pan.
- Vas a comerte este espaguetti sin tocarlo con las manos, y el pan, con cuidado, con mucho cuidado lo vas a mojar introduciéndolo en mi coño, quiero que saborees y disfrutes ese manjar. No quiero que toques nada con los labios, sólo con el pedazo depan...
Deliberadamente colocó el espaguetti muy cerca de su bello sexo, lo cual hace que al saborearlo, sienta su aroma femenino. Debe ser para ella divertido tener este servil esclavo entre sus piernas, absorbiendo y comiendo sus sobras, sintiendo el calor de su boca muy cerca de su coño. Termino con el espaguetti, y queda el pedazo de pan, lo tomo cuidadosamente, meto mi boca y introduzco en su coño, hasta donde puede llegar. Ella se mueve graciosamente, divertida, facilitándome la labor ,abriendo un poco más las piernas. Repito la operación unas tres veces, hasta terminar el pedazo, se mezclan el olorcito y su sabor para darle un gusto exquisito al pan: es una delicia.
- ¡Basta..al suelo, otra vez!
Me retiro , muy excitado y apesadumbrado y vuelvo a acostarme boca arriba recibiendo sus pies, mientras termina. Le toma un tiempo, se olvida de mí , con sus pies limpios empieza a recorrer mi pecho y estómago, con descuido, como distraída sin motivo aparente. Luego de un rato, decide levantarse de la mesa y dando una palmada en el aire, me trae de nuevo a la realidad.
A trabajar, Esclavo. , ponme las sandalias, y luego quiero la mesa limpia, todo limpio en la cocina. Te espero en la habitación...ahora quiero descansar...dormir un poco..tienes 10 minutos...corre!
Limpio la mesa, llevo todo a la cocina, lavo la bandeja, los platos, y coloco todo. Justo los diez minutos..escucho una palmada en la habitación.
- Acércate, Esclavo...debes mejorar, estás muy lento..
Está sentada en un sillón cerca de la cama, las piernas cruzadas, en actitud de espera. Me arrodillo a sus pies, y siento que me agarra la cabeza y me lleva la cara a sus zapatos.
- Quítame las sandalias y la falda, me arreglas la cama, y me dejas dormir una hora exacta. Son las 3.10 de la tarde...a las 4.10 quiero que levantes la sábana cuidadosamente, busques mi sexo y me lo empieces a chupar delicadamente...espero que no seas brusco, si te equivocas, tendrás más castigo en el baño...entendiste? Quiero empezar a despertarme sintiendo tu lengua de esclavo, quiero que lo hagas bien, ...es un honor que no mereces, pero me siento generosa...
Le quito sus sandalias, la ayudo a acostar desnuda de la cintura para abajo y la tapo cuidadosamente.
- Ahora, mientras duermo esperas en cuatro patas, desnudo, a los pies de la cama durante una hora, como te he ordenado...- Sí, MI AMA, como Ud. disponga.
Se olvida de mí, hago lo ordenado y me dispongo a esperar..pendiente del reloj que está sobre su mesita.. El tiempo pasa lenta y pesadamente, estoy tan abstraído que no he sabido nada. A mi lado, duerme una bella dama, MI AMA, que ahora luce diferente. Pero ella es auténtica, sabe lo que quiere y cómo lo quiere y además, está acostumbrada a tenerlo. Y hoy, me tiene a mi, para sus caprichos. Una mujer de su clase, necesita un esclavo, ojalá me acepte para siempre. A las 4.09 me incorporo, empiezo a quitar las sábanas empezando por los pies. Ella duerme boca arriba, quiso facilitar mi labor, al estar es esa posición... voy descubriendo lentamente y observando su piel con pecas y vellos amarillos muy diminutos, sus rodillas, sus muslos, Trato de no tocarla, ya está desnuda en la parte inferior, y ante mí tengo su sexo, con labios rosaditos . Me apoyo con las manos en los costados de la cama, y mi lengua toca primero los alrededores, donde ha sido cuidadosamente depilada. Muevo la lengua, lenta, delicadamente, ella todavía duerme, pero al subir mi lengua por sus bellos labios, en ese instante, escucho un suspiro, un movimiento de sus piernas y creo que es el momento de aumentar el ritmo, subir y bajar más rápido, tratar de meterla un poco..asi lo hago, sintiendo inmediatamente un líquido blanquecino y saladito, una delicia que absorbo con gusto,. Creo que lo hice bien, porque siento su mano apoyarse en mi cabeza, empujandola contra su coño y escucho quejidos de gusto de MI AMA. Subo al clítoris, tomándolo entre mis labios , lo chupo, lo absorbo, lo muevo y lo lamo, lo suelto y bajo la lengua, recorriendo otra vez sus labios y su gruta.
El clítoris, quiero que mames más así,,,es rico... me dice, y trato de complacerla haciendolo un rato largo..Durante un rato, mi lengua y mis labios trabajan motivados por la excitación de MI AMA. Mi miembro gotea sobre la cama, y siento al rato los dedos de sus pies jugando con él, apretándolo, golpeándolo, oprimiéndolo. Oprime fuertemente mi cabeza contra su sexo, y lanza un prolongado suspiro, que agradezco, porque es la culminación de mis esfuerzos.. Chupo, y lamo todo ese precioso líquido, limpiando bien su coño, que quedo reluciente, rosadita, palpitante...
- Acércate, Esclavo, es hora de ordeñarte...me has excitado y te lo has ganado... Vas a darme tu leche aquí en mis tetas, luego de que me las mames, las acaricies y las calientes...prepárate...
Llego hasta arriba, y me ordena:
- Bájate de la cama, lo harás arrodillado en el suelo, como te corresponde....
Se acerca al borde de la cama, ofreciéndome sus tetas.
- No las toques con las manos.. Vas a mamar, chupar, como lo haces, pero no me las vas a oprimir...sin mi permiso, deacuerdo? Comienza...
Me apoyo cerca de la cama y empiezo por sus pezones, moviéndolos delicadamente con la lengua, mientras chupo en círculos cada una de las tetas. Al ir aumentando la intensidad, agarro el pezón y lo que me cabe en la boca y los succiono, los absorbo todo lo posible.. Lo repito en las dos, luego voy de una a la otra, concentrado y feliz.... Son un manjar delicioso, lo disfruto cada segundo, esperando que el tiempo se detenga. Ella se siente bien, lo veo en su cara, eso me hace motivar y mejorar, mi lengua se estimula con sus reacciones. Le encanta que le chupen sus tetas...le encanta ser mamada y creo que no la defraudaré. Me deja un rato a mi antojo, entrecierra los ojos y suspira...estáencantada. Al rato..regresa a su esclavo...
- Ahora, de pié, dame esa leche, la necesito en mis tetas
Me agarra el miembro incorporándose y apoyándose en el respaldo de la cama, lo acerca a sus tetas, lo oprime con ambas , subiéndolo y bajándolo , luego lo suelta, explora mis bolas , aprieta mis nalgas y me ordena voltearme. Siento sus manos apretándome las nalgas, y luego, explorando dentro de mi agujero. Mientras me mete un dedo, con la otra mano me agarra el miembro y lo mueve caprichosamente, jugando con él.. Pasa a las bolas, las aprieta, las jala y las acaricia, mientras sigue metiéndo y sacando el dedo durante un largo rato. Luego, me dá una palmada ...y me ordena girarme... Mi miembro está a punto de explotar, ella lo sabe. Me giro y ahora lo agarra fuertemente con una mano, la sube y baja desde la raíz a la cabeza, mientras con la otra prosigue ocupándose de las bolas... Aumenta el ritmo, agarrando ahora el cuerito con tres dedos solamente, el pulgar, indice y anular, y disfruta al verlo subir y tapar la cabeza, para luego bajarlo y continuar... Comienzo a jadear, ya mi leche viene, mis jadeos se escuchan...prepara sus tetas y en el momento en que voy a eyacular, me mete un dedo por el culo atrayéndome hacia ellas.
- Ahhhhhhhhhhh....
- Grita, Esclavo, termina...aquí tienes las tetas de TU AMA... Esa leche es mía, y la tendré cada vez que lo desee.
He estado aguantando bastante..sus tetas se empapan, mis gotas caen ahora poco a poco, todavía el dedo no sale de mi culo, ...lo va sacando lentamente...y yo termino increíblemente satisfecho y agradecido. Me da un tiempo de espera, luego, vuelve a su papel de dueña:
- Mira mis tetas..no las dejes así...límpiame , y me ayudas a vestir...
Corro al baño, con una pequeña toalla le limpio mi semen, luego de lo cual y después de una orden, las chupo para dejarlas relucientes. La ayudo a vestirse nuevamente, con su falda sin panties, su blusa y otra vez, sus sandalias, ya la tarde va oscureciendo y lamento que el día fuera tan corto, pero será para mí inolvidable.""
Un saludo de
Jaime
lujacon@hotmail.com

viernes, marzo 02, 2007

EL PRIVILEGIO DE SER SUMISO


















































































































































































































































































































































UNA MUJER A LA QUE ADMIRO DESDE HACE MUCHO TIEMPO ES LADY FETISH. SE TRATA DE UNA DÓMINA Y MEJOR PERSONA SI CABE, A PESAR DE QUE SÓLO NOS HEMOS COMUNICADO POR E-MAIL, Y A TRAVÉS DE UN GRUPO QUE CREÓ Y COORDINÓ MUY BIEN LLAMADO "LA TORRE DE LADY FETISH" (POR CIERTO, QUE NO SÉ SI AUN CONTINUA TRABAJANDO EN ÉL, YA QUE HA DESPARECIDO DE MIS GRUPOS YAHOO Y WORLDGROUPS).
EN DOS OCASIONES, Y POR CUESTIONES DIFERENTES, ME HA DICHO QUE EL SENTIR EL BDSM EN CUALQUIERA DE SUS MUCHAS MANIFESTACIONES NO ES SÓLO PARA NO SENTIRSE INFERIOR O RARO, SINO QUE, AL CONTRARIO, ES CASI UN MOTIVO DE ORGULLO.

LA VERDAD ES QUE AUNQUE EXISTEN MOMENTOS EN LA VIDA EN QUE TODO LO QUE A UNO LE OCURRE O SIENTE LO FILTRA POR EL LADO NEGATIVO DEL SER, ES VERDAD QUE EN CIRCUNSTANCIAS NORMALES, MÁS BIEN DEBEMOS ESTAR ORGULLOSOS DE SER SUMISOS/AS O AMOS/AS. Y LO PIENSO ASÍ PORQUE SOMOS DIFERENTES DE LA MAYORÍA (ESTO YA ES UN HECHO REAL AUNQUE NO POSITIVO EN SÍ).

PERO A ESTA DIFERENCIA DE LA MAYORÍA, DEBEMOS AÑADIR QUE NUESTROS SUEÑOS, FANTASÍAS, O INCLUSO PRÁCTICAS (PARA AQUELLOS QUE LO HAYAN EXPERIMENTADO) NO SUPONEN NINGÚN DAÑO FÍSICO O MENTAL; AUNQUE LOS DESCONOCEDORES DE ESTOS TEMAS SÓLO VEN EL BDSM COMO EL SIMPLE HECHO DE DAR O RECIBIR GOLPES).

LOS QUE SOÑAMOS MUCHO CON SITUACIONES QUE SE DAN EN EL BDSM, SABEMOS QUE NO EXISTE NADA MÁS PURO, INOCENTE, PLACENTERO E INOFENSIVO EN EL SENTIDO ESPIRITUAL, QUE LA PRÁCTICA CONSENSUADA DEL BDSM. PARA NOSOTROS, O POR LO MENOS PARA MÍ, EL PLACER NO SÓLO RADICA EN EL ORGASMO NI EN EL COITO, SINO QUE NOS INVADE UNA OLA DE EROTISMO Y SENSUALIDAD DESDE EL INSTANTE EN QUE PERCIBIMOS, SOÑAMOS O PRACTICAMOS UNA ESCENA DENTRO DEL CAMPO BDSM.

EN CONCRETO, EN EL CAMPO DE LA SUMISIÓN MASCULINA, Y SIEMPRE DENTRO DE LOS GUSTOS DE CADA CUAL, LAS ESCENAS DE SUMISIÓN SE PUEDEN VER COTIDIANAMENTE EN LAS CALLES DE NUESTRA CIUDAD: UNA MUJER POLICÍA MULTANDO A UN CONDUCTOR MIENTRAS ÉSTE LE RUEGA QUE NO PONGA LA DENUNCIA; ESCENAS DE MADRES REGAÑANDO A SUS HIJOS A LAS PUERTAS DEL COLEGIO; UNA EJECUTIVA CAMINANDO A PASO SEGURO CON SU PORTAFOLIOS; ESA COMPAÑERA DE TRABAJO QUE SIEMPRE NOS RESULTA AGRADABLE Y QUE HOY ESTÁ IMPRESIONANTE CON LAS BOTAS QUE LLEVA PUESTAS; ESA MUJER QUE PASEA A SU PERRO TIRADO POR UNA CORREA, ...

TODO ESTO, POR NO MENCIONAR LOS ATUENDOS, VESTIDOS O COMPLEMENTOS: UNAS BOTAS, UNOS ZAPATOS DE TACÓN DE AGUJA, UNAS PRENDAS A IMITACIÓN DE PIEL DE LEOPARDO O TIGRE. QUIERO DECIR CON ELLO, QUE NO NECESITAMOS VER A UNA MUJER DESNUDA POR LA CALLE, O CON UNA FALDA CORTA Y ESCOTE DE ESCÁNDALO PARA QUE SALTE DENTRO DE NOSOTROS EL CHIVATO DEL PLACER. MUCHOS SUMISOS, SOBRE TODO LOS NO PRACTICANTES, NOS CONFORMAMOS CON POCO.

QUÉ SUMISO NO HA CONVERTIDO UNA ABURRIDA CENA DE TRABAJO EN UN TEATRO DE LUJURIA AL VER A UNA DE LAS COMENSALES CON UNAS BOTAS NEGRAS DE TACÓN ALTO. SU CUERPO ESTÁ PRESENTE, PERO SU MENTE SE HA AUSENTADO PARA DESARROLLAR ESCENAS DE SUMISIÓN CON ESA MUJER DE AL LADO. ESTO ME PASA A MÍ CON FRECUENCIA. VEO A UNA MUJER CON BOTAS, Y SI EL FÍSICO ME GUSTA, AUTOMÁTICAMENTE MI MENTE EMPIEZA A FUNCIONAR, MONTANDO UNA PELÍCULA DE DÓMINA-SUMISO EN UN DOS POR TRES. NI FRANCO ZEFIRELLI LO HARÍA TAN BIEN Y TAN RÁPIDO.

CREO HONESTAMENTE QUE LOS SUMISOS TENEMOS EN GENERAL MÁS FUENTES DE PLACER QUE EL TÍPICO O TÍPICA VAINILLA (TODO SIEMPRE DICHO CON RESPETO), PORQUE PODEMOS Y SABEMOS SACAR PARTIDO DE MUCHAS SITUACIONES COTIDIANAS, APARENTEMENTE NORMALES, PARA OBTENER UN PLACER. PERO ESE PLACER ES ÍNTIMO Y PRIVADO; SÓLO LO SABEMOS NOSOTROS (YO, EN MI CASO). QUIZÁ ALGUNA PERSONA QUE SUPIESE DE NUESTROS SECRETOS SE DARÍA CUENTA DE QUE EN DETERMINADAS SITUACIONES O ANTE DETERMINADOS VESTUARIOS FEMENINOS, NUESTRA CORAZÓN Y NUESTRA MENTE ECHAN A VOLAR, DEJANDO SÓLO NUESTRO CUERPO COMO TESTIGO DE NUESTRA PRESENCIA O ATENCIÓN.

TODO ELLO, LÓGICAMENTE, CON UNA DISCRECIÓN ABSOLUTA, PARA NO PECAR DE MAL EDUCADO ANTE NUESTROS AMIGOS O COMPAÑEROS, Y TAMPOCO PARA NO DESAGRADAR A QUIEN SIN SABERLO, ES PROTAGONISTA DE NUESTRAS FANTASÍAS SUMISAS EN ESE MOMENTO. LAS MIRADAS DE REOJO, APENAS PERCEPTIBLES PARA LOS DEMÁS, SON BÁSICAS. ESE AGACHARSE PARA ESCRUTAR EL SUELO EN BUSCA DE UN OBJETO PERDIDO QUE SABEMOS NO SE HA PERDIDO. SIMPLEMENTE ES QUE QUEREMOS VER MÁS DE CERCA ESOS PIES BIEN CUIDADOS QUE CALZAN UNAS SANDALIAS ROMANAS; O VER MÁS DE CERCA LAS SUELAS DE ESAS BOTAS QUE NOS ESTÁN VOLVIENDO LOCO, Y QUE EL ACERCARNOS MÁS A ELLAS, TENEMOS LA SENSACIÓN DE QUE LAS ESTAMOS BESANDO O LAMIENDO.

SEGURO QUE NO SERÉ EL ÚNICO SUMISO QUE EN LA SALA DE ESPERA DE UN MÉDICO, COMPARTIENDO DICHA ESPERA CON UNA MUJER DE SU AGRADO QUE SENTADA EN UN SOFÁ CUTRE CURIOSEA UNA REVISTA, SE SALE DE SU CUERPO, HACE LEVANTAR A LA SEÑORA PARA INDICARLE QUE GUSTOSO SU CARA HARÁ DE SOFÁ PARA ELLA, A FIN DE QUE SU CULO DE DIOSA PUEDA ESTAR MÁS CÓMODO. TAMBIÉN SE OFRECE DE MASAJAEADOR DE SUS CANSADOS PIES O DE SIMPLE REPOSAPIES PARA QUE SU ESPERA POR EL MÉDICO SEA MÁS GRATA. Y ENCIMA, NO VA A RESULTARLE MÁS CARA LA CONSULTA MÉDICA POR ESTAS " ATENCIONES" QUE ESTAMOS OFRECIÉNDOLE A LA BUENA SEÑORA.